Opinión

Un antídoto contra el populismo

09 enero 2017 5:0
 
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La elección: lo que explica el resultado.

Otra vez el fantasma del populismo recorre el mundo. Tras la caída del Muro de Berlín en 1989 un vasto sector ideológico quedó a la intemperie. Huérfanos, muchos se reconvirtieron a la democracia sin siquiera dar una explicación mínima de su tránsito, otros más se hicieron “verdes” y algunos cuantos, radicales, se volvieron “altermundistas”. Ni socialismo ni capitalismo, decían, pero lo cierto es que todas sus críticas se dirigían al capitalismo.

En México, en 1994, Marcos, el guerrillero tamaulipeco afincado en la selva de Chiapas, enarboló por unos cuantos días la bandera de la revolución socialista pero pronto la dejó por la del neoindigenismo que le pareció socialmente más lucrativa. Muchos pretendieron seguir esa senda. Peregrinaron a San Cristóbal, vistieron ropa de manta y huaraches, y juraron defender la causa de los nuevos zapatistas, pero la moda duró poco. El comandante Chávez, desde Venezuela, les dio nuevo oxígeno. El viejo socialismo reapareció bajo la máscara del populismo (“el socialismo del siglo XXI”).

No pocos de los súbitos demócratas arrojaron pronto la careta para subirse de nueva cuenta al tren “progresista”. Cada ascenso populista en el continente lo celebraron como suyo: Chávez, Evo, Correa, Lula-Dilma, Mújica, los Kirchner. Festejaron en ellos un nuevo socialismo con rostro humano cuando en realidad se trataba de un boom de materias primas impulsado por las compras chinas. Pronto el precio del petróleo se desplomó, China desaceleró su paso y el milagro terminó. El robusto Chávez devino en el ridículo y autoritario Maduro. Dilma Roussef y Cristina Kirchner dejaron el poder entre acusaciones de corrupción. Evo lleva cuatro periodos y Correa tres, aferrados al poder para que no los investiguen.

Hasta ahora, en México se ha logrado contener la ola populista. La corrupción y la crisis sin embargo son un caldo de cultivo perfecto para que el populismo de izquierda (lo hay de derecha, como el de Trump) levante cabeza. Lo que viene será sin duda una batalla política formidable. Una batalla que debe ser precedida y acompañada de un intenso debate de ideas, que no se está dando. Por un lado el populismo (un socialismo que teme decir su nombre), por el otro un liberalismo vergonzante (muy pocos se asumen liberales).

Circula en librerías digitales La dictadura intelectual populista de Antonella Marty (Unión editorial, 2016). Para la autora “la opinión pública del siglo XXI se encuentra altamente manipulada y monopolizada por los intelectuales que pertenecen a las filas de la izquierda populista”. Este dominio se da no sólo en el terreno de las ideas, sino también en la cultura y las artes. ¿A qué se debe la inclinación de la cultura hacia el populismo socialista? “El triunfo de dicha ideológica –afirma Marty- se debe al contenido profundamente utópico de su proyecto”. Si los grandes ideales comunistas hubieran sido confrontados con la realidad, decía Jean Francois Revel, “el comunismo habría durado menos de seis semanas”. El populista ofrece salidas a todos los problemas con soluciones de corto plazo. Ahora en México claman porque regresen los subsidios a la gasolina, sin ver que si se subsidia eso se tiene que dejar de subsidiar otra cosa, como la salud o la educación.

¿Cómo hacer frente al cuasi monopolio intelectual y cultural populista? “Tomen la cultura y la educación –escribió Gramsci- y el resto se dará por añadidura”. Y desde el otro lado del espectro político: “La única manera de cambiar el curso de la sociedad –decía Hayek- será cambiando sus ideas”. Para hacerlo, fundó Hayek primero la Mont Pelerin Society en Suiza y más tarde, en Inglaterra, para oponerse al predominio de las ideas estatistas en ese país, en combinación con el empresario Anthony Fischer, el Institute of Economic Affairs, que luego sería el modelo para la creación de cientos de think tanks liberales en todo el mundo.

Los think tanks son organizaciones de investigación que buscan soluciones mediante propuestas de acción política. Su objetivo es adquirir presencia e influencia y cambiar las situaciones que aquejan a la sociedad. En vista de que la historia económica, comenta Antonella Marty, “nos ha dejado claro que con cada intervención del gobierno en la economía no se mejoran las crisis sino que se empeoran”, se precisa la fundación y desarrollo de más centros de irradiación intelectual liberal. El libro de Marty aporta en este sentido una buena cantidad de ideas al respecto.

En los sistemas democráticos los políticos siguen la orientación de la opinión pública. Por esto mismo, sostiene Marty, “ha llegado el momento de hacer a un lado la dictadura intelectual del populismo”. No olvidemos, en palabras de Popper, que la “tentativa de llevar el cielo a la tierra produce como resultado invariablemente el infierno”.


​Twitter: @Fernandogr

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