Opinión

Uber, prueba para el GDF
y para los 'chilangos'

Hay en la ciudad de México taxistas buenos, honrados y serviciales, pero también los hay gandallas. Entre los segundos, mis favoritos (es un decir) son los de un sitio de por el rumbo de Perisur y algunos de Polanco, cuyas cobros no pueden ser calificados como abusos sino como viles asaltos. Dado que el sistema de transporte público es malo o escaso, y la autoridad inexistente, a veces uno se ve forzado a pagar estratosféricas tarifas con tal de desplazarse. Afortunadamente Uber ha comenzado a masificarse en el Distrito Federal por lo que los chilangos ya tienen más opciones de movilidad.

Uber opera hoy en 220 ciudades de 45 países, incluidas México, Tijuana y Guadalajara. Se trata, ya se sabe, de un servicio de transportación entre privados que se conectan vía internet. La plataforma, sencilla de utilizar, tiene muchas ventajas. Es rápido (tienen promedios de llegada de alrededor de cinco minutos); es predecible (sabes quién viene por ti, cuánto le falta para llegar, etcétera); no hay sorpresitas en la tarifa (puedes incluso calcular a priori un estimado de costos) y, fundamental, es seguro, (sus choferes han pasado un proceso de selección donde ocho de cada diez son rechazados). Además de estos elementos, hay una categoría llamada Uber Black con autos de lujo, y otra con vehículos más ordinarios denominada UberX, así que cada quién puede elegir incluso el tipo de coche en el que quiere hacer el viaje.

Uber es una de esas bendiciones que ha traído la innovación en internet. Pero no hay avance sin resistencias, y ayer ocurrió una que no debería ser tomada a la ligera. En pleno Zócalo capitalino, taxistas que se quejaron este lunes de que Uber les está quitando clientela lanzaron una amenaza.

Los taxistas pidieron que "el jefe de Gobierno envíe una iniciativa a la Asamblea Legislativa para poder acotar y retirar las aplicaciones", según consignaba ayer Reforma.com. La declaración movería a la ternura (por aquello de que desde la Asamblea del DF se puedan prohibir aplicaciones), pero que nadie tome a la ligera estas declaraciones, pues desde el verano ya son varias las ocasiones en que choferes de Uber han sido interceptados y golpeados, uno de ellos con lesiones que lo mandaron al hospital, por taxistas como los que se manifestaron ante la sede del GDF. Ayer advirtieron que recurrirán de nuevo a los golpes para defender lo que consideran suyo. Así lo recogió el portal de Reforma: “Los taxistas, que acudieron con líderes de las asociaciones, dijeron que continuarán las agresiones contra los conductores de Uber y Cabify en tanto el Gobierno local no ponga orden. ‘De no ser así, sí vamos a tomar acciones’”.

Es el choque de dos mundos. El del ayer y el de hoy. No por nada las agresiones contra los conductores de Uber se han dado en lugares como Arcos Bosques y Antara, donde hay antros. A quién le sorprende que los jóvenes elijan rápidamente Uber tras años de sufrir tarifas abusivas y de no recibir a cambio ni la certeza de que iban en un taxi seguro. El botón más ilustrativo de lo anterior ocurrió hace dos semanas en el Corona Capital. Uber anunció que tendría lugares de salida de unidades y tras los conciertos los asistentes al festival pudieron abandonar el Autódromo sin estar obligados a pagar las arbitrarias cuotas que muchos taxistas imponen en ese tipo de eventos.

Uber puede parecer caro si se le compara con las tarifas cuando éstas sí son respetadas. Pero según directivos de esa empresa en México, la experiencia internacional muestra que conforme pasa el tiempo los precios tienden a bajar por la competencia que se desarrolla. En algunas ciudades de Estados Unidos, explica Rodrigo Arévalo, a sus 28 años de edad director de Uber México, el descenso del costo ha sido de hasta 50 por ciento.

El Gobierno del Distrito Federal, que justo acaba de recetarle a los taxistas el costo extra de tener que pintar (unos) o cambiar (otros) sus unidades, tiene un reto complejo frente a la llegada de mecanismos como Uber. Una administración que pretende una mejor movilidad en la ciudad no puede ir contra un servicio que está siendo premiado por usuarios que lo encuentran más atractivo que otras opciones. Y que encima no viola específicamente ninguna ley, dado de que se trata de un contrato entre particulares. Pero, al mismo tiempo, los gobiernos capitalinos tienen en los permisos para placas de taxi un mecanismo clientelar que va a entrar en crisis. Y nada le provoca más dolores de cabeza a un político que el reclamo de ciertos grupos que en el pasado han sido tolerados o de plano privilegiados.

“En lo que nos debemos enfocar es que qué quiere la gente”, propone Rodrigo Arévalo, quien expone que él vendió su auto hace año y medio y ya sólo se mueve por la ciudad en Uber. Asegura que gasta alrededor de seis mil pesos al mes, cantidad que considera menor que el costo de comprar, y mantener, un auto. “Mis hijos no van a saber ni conducir, pues vivirán en una sociedad con más opciones de movilidad”, aventura Rodrigo.

En cualquier caso, y luego de la amenaza lanzada ayer por taxistas frente a su despacho, Miguel Ángel Mancera no puede permitir que los quejosos cumplan su intentona y golpeen a otro chofer de Uber. Eso no sería un atentado contra una aplicación de internet, sino un desafío a la autoridad. No se puede tolerar el chantaje, y menos cuando quiere cancelar opciones de libre mercado para los usuarios, ciudadanos que muchas veces han tenido que tragarse el coraje y pagar abusivas tarifas.

Y toca también a los 'chilangos' exigir al gobierno que los defienda de quienes pretenden imponer un modelo siglo XX de transporte en su ciudad.

Qué le dirías a los taxistas que se quejan de tu sistema, le pregunto a Rodrigo. “Qué se suban a Uber, que se suban a la plataforma. Esto no es contra ellos, pero no podemos ir a contracorriente de lo que pasa en el mundo”.

Twitter: @SalCamarena