Opinión

Uber, ayudemos a
los taxis a ser formales

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Taxistas protestan contra Uber. (Eladio Ortíz)

El lunes cientos de taxis de Guadalajara se manifestaron en contra de Uber, provocando caos vial. Desfilaron rumbo al Palacio de Gobierno de Jalisco para protestar por el anuncio del gobernador Aristóteles Sandoval de que regularizaría Uber.

Al día siguiente, por el rumbo del aeropuerto de la ciudad de México, supuestos taxistas destrozaron un puñado de autos de Uber.

Más que coordinación entre grupos de taxistas de dos capitales, estos hechos se dan en tan breve lapso por la desesperación de gremios a punto de perder prebendas del pasado. La cuestión es qué papel debería jugar la autoridad y cuál debería ser su agenda.

En Jalisco escuché esta semana que en la búsqueda de una solución el gobierno exploraba el ayudar a los taxistas a crear una app para competir con Uber. Fail, como se dice en las redes sociales. Que no quieran inventar lo que ya existe.

Otra versión jalisciense señalaba que buscarán negociar con Uber qué parte de la flotilla de taxis amarillos se incorporen, con algunas adecuaciones, a la oferta de Uber black (la opción más cara de esa plataforma). Fail, de nuevo. No pasará.

En el Distrito Federal, como se sabe, ya hay un esbozo de regulación, con pagos anuales por derechos y otras tasas impositivas, pero según alertan algunos expertos estas normas podrían encarecer a Uber, al imposibilitar a esa plataforma asociar autos económicos (no podrían dar ese servicio vehículos con un valor de factura menor a 200 mil pesos. Ver “Inhibe competencia regulación a Uber”, en Reforma de 22 de julio). ¿Mega fail?

El qué hacer con Uber es un debate internacional que precisa de ser tropicalizado. Porque en México ojalá el tema fuera la defensa de los derechos de los trabajadores del volante, los tradicionales y los que ahora chambean en el transporte de personas gracias a Uber.

Un taxista preguntaba qué es lo que gusta de Uber. Predictibilidad y formalidad, sería mi respuesta. El usuario puede saber si hay o no auto disponible, dónde está la unidad, cuánto va a tardar en los trayectos, cuánto puede costar el viaje. Y la formalidad de que si el usuario lo desea, en pocas horas tendrá su factura, o podrá reclamar y será atendido, o recuperar algún objeto olvidado.

Los taxistas deberían demandar que los políticos no repartan más placas, que no se permita operar a los 'piratas', se llamen panteras o panchovillas, que haya una simplificación para trámites. Por su parte, ellos deberían comprometerse a que unidad que no cobre la tarifa del taxímetro, niegue un servicio o no dé factura, verá suspendida su licencia.

¿Que deberíamos discutir también las condiciones laborales de los choferes? Como alguien que en una generación ha visto cómo las redacciones abandonan los contratos de planta, y todos somos ya colaboradores sin prestaciones, no podría estar más de acuerdo.

¿Que deberíamos revisar si los Uber tienen seguro contra accidentes para sus pasajeros y para terceros? Claro, igual que con los taxis, con los micros y los autobuses…

El nombre del juego es crear un piso parejo: quitarles trámites absurdos a los taxistas (evitar que pierdan días de trabajo en renovación de licencias, revistas, etcétera), ayudarles a darse de alta en Hacienda para facturar, dar facilidades para compra de teléfonos inteligentes que les permita cobrar con tarjeta, sumarse a apps, etcétera.

Qué paradoja que los taxistas, tan regulados ellos, sean tan impredecibles e informales en sus tarifas o trayectos.

En vez de sobrerregular a Uber, los gobiernos deben ayudar a los taxis a volverse más predecibles y formales, más competitivos pues.

Twitter: @SalCamarena

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