Opinión

Tula: la decisión más sensata

En 2009, cuando se tomó la decisión de construir una nueva refinería en Tula, quien esto escribe expresó sus reservas de que fuera la mejor decisión.

Apuntaba entonces:

“En este espacio le he comentado insistentemente que el mejor destino de los excedentes petroleros –desde el punto de vista económico– es producir más petróleo.

“Se explicó en detalle por qué el proyecto de Tula ocupó el primer lugar entre los analizados, pero lo que no se dijo es cómo se fundamentó económicamente la necesidad de construir una refinería en lugar de hacer otras asignaciones con los 9 mil 123 millones de dólares que costará el proyecto”.

Y mi opinión no era excepcional. En el mundo petrolero se sabía perfectamente que había entonces una gran capacidad de refinación no utilizada en Estados Unidos y hubiera sido mucho más rentable para Pemex comprar alguna o varias refinerías en Estados Unidos.

Sin embargo, se ponderó –a mi juicio con desmesura y sin fundamento– que lo justificaba la seguridad de abasto de gasolinas que el proyecto representaría.

Afortunadamente, al llegar la nueva administración, empezó un proceso de reconsideración y hoy se sabe formalmente que no existen recursos financieros que el gobierno y Pemex puedan asignar de manera racional al proyecto.

No quiere decir esto que no pueda haber una refinería o un proyecto petrolero en los propios terrenos. Pero probablemente deberá emprenderlo una empresa privada o al menos un consorcio en el que Pemex sea sólo uno de los participantes, si hay justificación económica para hacerlo.

El proyecto de la refinería es un ejemplo de cómo una empresa que tomaba decisiones con sesgo político dejaba que se erosionara la renta petrolera.

La tasa interna de retorno del proyecto de la refinería fue calculada en 17.5 por ciento, que no está nada mal. Pero Pemex tenía muchos otros proyectos en los que esa tasa era varias veces mayor.

Tampoco iba a ser un gran polo de desarrollo. En el momento de actividad más intensa, en su construcción iba a ocupar a 11 mil personas directamente y alrededor de 25 mil de manera indirecta. Ya concluida iba a dar empleo permanente a 2 mil de manera directa. La expectativa es que el nuevo aeropuerto dé ocupación a 160 mil personas aproximadamente, para que vea usted el contraste. Sin embargo, la inversión calculada es del mismo orden de magnitud.

Obviamente hay recursos que se perderán porque ya se habían invertido para el tren de refinación. Pero el costo que habrá es mucho menor para las arcas públicas que si se hubiera continuado con el proyecto.

No es nada fácil echar para atrás una inversión de ese tamaño. Hay costos económicos y políticos que tienen que asumirse.

Pero resulta alentador que las decisiones como ésta se estén tomando por parte del gobierno (específicamente de Hacienda) con los cálculos en la mano y con el criterio de maximizar la renta petrolera para el país. En el pasado, a veces por no reconocer errores, éstos se hacían más grandes. Qué bueno que ya no sea así.

Twitter:@E_Q_