Opinión

Trump una semana después: amenazas y realidades

15 noviembre 2016 5:0
 
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Trump no cobrará su sueldo como presidente de EU. (Reuters)

Es muy pronto para saber cuántas de sus amenazas cumplirá Trump y cuales se quedarán en bravuconadas de campaña.

La elección nos ha dado una sorpresa terrible. En los EUA, al igual que en Europa hay un descontento con el “establishment” y lo políticamente correcto. La gente insatisfecha con los efectos del desempleo, el cambio tecnológico y la globalización; incierta respecto a su futuro, está cada vez más dispuesta a dar un voto de castigo a los gobiernos existentes y apostarle al cambio y lo desconocido. Pero hay ante todo desconfianza con los partidos políticos y hastío con la corrupción y complicidades.

Los EUA son un país muy dividido entre regiones, grupos sociales y étnicos y entre grupos de ingresos. El problema se agudiza ante el bajo crecimiento económico y la evidente pérdida de poder hegemónico en el mundo de los EUA. Nadie quiere resignarse a un deterioro futuro; por el contrario, pone esperanzas en las promesas y los milagros, aunque resulten imposibles de cumplir, particularmente con las endebles agendas que mostró Trump a lo largo de su campaña.

Los estadounidenses quieren que América vuelva a ser el gran líder económico mundial, aunque el mismo FMI señale en sus previsiones que su participación en el PIB habrá de bajar del 22% al 15% en 2020 (y no que los EUA crezca a un tasa del doble de la actual -lo que prometió Trump en du discurso triunfal) y que se estima que China seguirá creciendo a un ritmo tres veces mayor, alcanzando el ingreso per cápita promedio del norteamericano en 2030.

A los votantes estadounidenses no les satisfizo el lema de Hillary “Stronger United” and “Let´s buildbridges, not walls”. El americano receloso de a pie, como el europeo ante la llegada de los sirios y africanos a sus fronteras, parece preferir muros o alambrados de púas, cueste lo que cueste, y aunque a la larga resulten auto-derrotantes. Si algo evidenció esta elección es que los sentimientos racistas y discriminatorios en relación a los extranjeros están tan vivos en los EUA, como en Europa; aunque la proporción de los blancos frente a otros grupos étnicos tienda a disminuir, la solidaridad de los blancos con prejuicios, mostró su fuerza en estas elecciones.

Los líderes carismáticos como Trump siguen teniendo arrastre, aunque se evidencien sus defectos y falta de preparación y experiencia. Sus fieles están dispuestos a perdonarles todo. Trump nunca ocupó cargo como funcionario público. Hillary es sin duda una mujer más preparada, probada en el gobierno ; pero no despertó nunca entusiasmo en las filas demócratas y menos entre los republicanos que Obama o su marido, Bill, si habían logrado conquistar.

México tiene que elaborar sus planes de contingencia lo más pronto posible frente a la victoria de Trump. Nunca ocupó un papel tan importante en las campañas presidenciales como peligro para los EUA . Fue un injustificado “chivo expiatorio”.

Pero tenemos que darle tiempo al tiempo. Existen inercias que no podrán cambiarse entre dos países tan imbricados, tan dependientes el uno del otro , con una frontera común de 3 mil kms. que tiene su vida propia política, económica y social entrelazada.

En lo inmediato habrá grandes desafíos.

El tipo de cambio al alza tendrá impactos directos en la inflación, la deuda y la vida de los mexicanos. Muy probablemente llevara a elevar las tasas de interés. Sin embargo, no debería afectar de momento nuestras exportaciones de autos y componentes o frenar a las empresas maquiladoras; aunque sí los precios de nuestros bienes importado.

La inversión extranjera , así como la nacional tenderán a detenerse en los próximos meses, sobre todo si tienen un fuerte componente de futuras exportaciones. Ya de hecho había un paréntesis de espera en el último trimestre, frente a las declaraciones hostiles de Trump (Carrier, General Electric, Ford, etc.).

Mucho dependerá ahora de si se confirma o no la intención de cancelar o renegociar (lo que es más probable) el TLCAN. Formalmente solo requeriría un aviso previo de 6 meses para abandonarlo. Trump tendrá que escuchar a las grandes empresas antes de actuar.

La resistencia de Trump al TPP no debe preocuparnos. México no tiene nada que perder en esa materia. Por el contario, podemos salir ganando, si se consideran los impactos negativos previstos sobre algunos sectores empresariales nacionales. Beneficios potenciales son pocos; impactos negativos posibles muy variados.
Trump es un empresario pragmático; no un ideólogo. Ello significa que estará dispuesto a negociar, pero para ello se va a tomar seguramente un tiempo de espera. Todo dependerá del equipo de gobierno, de los miembros de su gabinete, de los asesores que tenga a su alrededor. Esta es una gran incógnita. Trump ha hecho grandes pronunciamientos anti globalización y en defensa de los empleos americanos, pero la realidad necesariamente lo llevará a grandes ajustes.

En cuanto al tema de migrantes, adiós a la proyectada reforma de los demócratas para legalizar a mexicanos y sus familias. ¿Pero estará dispuesto a cumplir con su amenaza de deportar a más de 11 millones de indocumentados? Ya redujo la cifra a 2 o 3 millones. De todas maneras, ¿qué hará México con ellos? ¿Qué harán los EUA sin ellos? Nuestro gobierno debe prever las consecuencias y políticas apropiadas. Invertir en un gran programa de infraestructura, por ejemplo, igual que pretende Trump.

¿Y la construcción del muro con financiamiento de México a través de las remesas? México jamás podría aceptar pagarlo. Por otro lado, es imposible legalmente restringir las remesas en un país que ha tenido siempre libertad de movimientos de capitales. El marco legal no podría reformarse sin efectos nefastos para las instituciones norteamericanas. Pero el tema está abierto a una cajita de sorpresas.

Trump buscará adoptar una reforma fiscal similar a la de Bush para reducir los impuestos a los grupos de altos ingresos con la esperanza de que las empresas aumenten sus inversiones (resultados que no se cumplieron con Bush, sino que condujeron a mayor déficit y a la crisis del 2008). Lo más probable es que un Congreso mayoritariamente republicanos lo apoye en esta dirección.

Lo mismo puede preverse en salud, tema permanente de su campaña, en el que es probable Trump busque reformas de mercado. La mayoría republicana legislativa seguramente lo apoyará, aunque es previsible que le cueste mucho trabajo lograrlas debido a resistencias populares. Ya dijo que no le parece tan malo el Obama care.

¿Hara Trump concesiones a los grupos pro-vida y a otros intereses conservadores que destacaron a lo largo de su campaña: los vendedores de armas, por ejemplo, para conseguir apoyos en sus otros compromisos? ¿Actuara más severamente contra el consumo de drogas? La aprobación del uso de la mariguana para fines recreativos en los referéndums de Massachusetts, Nevada y California suman 5 y 26 estados para fines médicos, hacen que México tenga cada vez menos justificación para costear con recursos escasos, sangre y violencia el combate a la producción, el tráfico y el consumo de un producto que ellos mismos producen.

Otra área en que estará en entredicho el legado de Obama es la ambiental. En la plataforma política de Trump nunca apareció el término “cambio climático.” Ha insistido que los peligros son un invento de los chinos para frenar la competitividad de la industria americana. Entre los grandes apoyos a su campaña estuvieron los grandes productores de carbón, petróleo y gas. ¿Denunciará Trump el Acuerdo de Paris? ¿Qué hará en otras áreas ante la evidencia de los impactos nocivos ambientales de los actuales patrones de producción y consumo?

Una gran interrogante es su política exterior. Después de sus coqueteos con Rusia, sus ataques a China y a los mexicanos y su evidente ignorancia sobre las cuestiones mundiales, puso a temblar a muchos. Más allá de su esperado pragmatismo, ¿estará dispuesto a presionar a sus socios de la OTAN y otras alianzas para obligarlos a mayores contribuciones? Las primeras declaraciones de los gobiernos, incluyendo México- es que están dispuestos a trabajar con Trump. Pero ¿qué hará él? En su discurso de la victoria prometió poner los intereses de EUA en un primer lugar, pero conciliarlos con el resto del mundo. Habrá que ver como lo traduce a la práctica, habida cuenta de su inexperiencia en cuestiones de gobierno.

Habrá que observar que acciones prioritarias anuncia en las próximas 8 semanas y en su discurso inaugural. Conquistada la presidencia tiene que dar señales más incluyentes hacia el interior de los EUA y tolerantes respecto al resto del mundo.

La gran pregunta es si México estará en su periscopio y qué pronunciamientos incluirá en su discurso y programa de gobierno.

Lo importante es que, tras de las amenazas y la comedia de equivocaciones de la campaña- México defina su política respecto a los Estados Unidos a partir de nuestros propios intereses. Tendremos que precisar qué acciones estamos dispuestos a emprender realistamente ante posibles cristalizaciones de amenazas, en particular en materia comercial, migratoria y de seguridad,

Buscando capitalizar las elecciones de los EUA como una oportunidad, México deberá en diciembre de 2018 ,a partir de un programa nacional, renovar su política exterior y redefinir nuestra relación, otorgándole el lugar prioritario que le corresponde, pero sin doblegar los intereses nacionales y ampliando el espectro global. Comencemos ya en la sociedad mexicana a prepararlos.

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