Opinión

Trump puede ser benéfico para México

   
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Empresarios de México y de Estados Unidos acordaron llevar un frente único anti Trump. (Especial)

Sin duda el tema más relevante por sus implicaciones económicas y geoestratégicas para el país ha sido el resultado de la ronda 1.4 de la reforma energética. Llama la atención que su importancia haya sido opacada por la coyuntura: sea el llamado de atención del secretario de la Defensa Nacional por la falta de legislación en temas de seguridad interior; sea la trágica y prematura muerte del secretario de Cultura; sea el bono navideño de los diputados o la entrevista televisiva de López Obrador. Llama también al atención que un hecho muy positivo no haya merecido más reconocimiento de la clase política y de los opinadores, con la excepción de los funcionarios de gobierno, que fueron casi los únicos en aplaudir los resultados, junto con los representantes de la industria.

Que se hayan asignado ocho de los 10 bloques en licitación y que los participantes incluyan empresas de varios países sugiere un interés de largo plazo en el mercado energético del país. Muestra también que México es un socio estratégico de Estados Unidos y Canadá –una región energética autosustentable– y que es uno de los mercados de energía más grandes del mundo.

Donald Trump será un presidente proindustria; se menciona que el secretario de Estado podría ser el presidente global de Exxon, empresa que ganó la semana pasada el área contractual 2 de Cinturón Plegado Perdido en consorcio con Total. El director de la Procuraduría del Medio Ambiente (EPA, por sus siglas en inglés) es Scott Pruitt, un enemigo de la regulación ambiental, quien ha negado el calentamiento global y demandado a la EPA como fiscal general de Oklahoma.

Dos de las principales propuestas de Trump son desregular la producción de energía fósil y de carbón y el mercado de gas shale, con lo cual la producción de ese país aumentaría –para tener una idea, Estados Unidos pasó de ser un país dependiente que importaba netamente más de un millón de barriles de petrolíferos diariamente, a ser un exportador neto de más de dos millones. México importa actualmente más de 50 por ciento de sus gasolinas de Estados Unidos.

Los planes expansionistas de Trump requieren un consumidor como México cada vez más interconectado con Texas y otras regiones de Estados Unidos vía gasoductos. Tan sólo en los últimos años se han construido cuatro ductos transfronterizos.

Viendo el mercado global, parece un contrasentido que el nuevo gobierno americano quisiera imponer tarifas al comercio en manufacturas (por ejemplo, automóviles) cuando hay un mercado prometedor en materia energética. Muchos líderes de la industria en México piensan que la llegada de Trump será benéfica para el mercado de América del Norte y que México saldrá beneficiado.

Adicionalmente, el enemigo relevante de Estados Unidos es China, no México. Con aquel país tiene un déficit comercial de 288 mil millones de dólares. China ha exportado 380 mil millones de dólares durante 2016; México 245 mil millones. China será la economía más grande del mundo en las próximas décadas, México una de las 10 más importantes.

Ciertamente la relación con México tendrá elementos simbólicos de ofensa: por ejemplo, cuando deporte a mexicanos a la frontera con las cámaras de TV resaltando que Trump sí cumple. Obama ha sido hasta ahora el presidente más duro en términos de deportaciones, pero lo hizo de manera silenciosa. Trump seguirá el mismo patrón, pero quizá con exhibicionismo.

La segunda razón de que México podría ser de utilidad para construir una alianza mutuamente benéfica con la nueva administración de Washington tiene que ver con la seguridad regional: en lugar de que México sea visto como el enemigo ante el cual se debe construir un muro, la propuesta que ha estado presente por mucho tiempo es que la seguridad regional implica un cinturón que blinde a la región, no a Estados Unidos solamente. Es más redituable que México sea parte de esa fortaleza que dejarlo fuera administrando por sí mismo sus problemas migratorios, de violencia regional y de una mala administración de su sistema de procuración de justicia. Como parte de un cinturón de seguridad de América del Norte, México puede ser un socio que fortalezca la seguridad de Estados Unidos en lugar de uno que sea un poro de inestabilidad.

Que haya razones geoestratégicas para que Washington vea a México como un socio en lugar de un chivo expiatorio no significa que ocurra. Para ello es necesario que México calcule los costos de una alianza basada en intereses económicos y de seguridad y los riesgos que ello implica con alguien como Trump. Y por otro, convencer a las contrapartes de que hay una lógica detrás de un tratamiento ganar-ganar. En México habrá muchas voces en contra de que el país participe en una negociación de intereses con la Casa Blanca de Trump. Y en Estados Unidos también hay muchos sectores que se opondrían a un tratamiento de México como aliado. Prefieren que seamos el chivo expiatorio y el vecino incómodo a quien culpar de muchos males internos de aquel país.

Twitter: @LCUgalde

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