Opinión

Trump presidente será el mismo de la campaña

 
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Trump durante su campaña. (AP/Archivo)

A Trump no lo harán rectificar las leyes ni las instituciones estadounidenses; tampoco la racionalidad de la economía ni los intereses de las transnacionales; vamos, ni siquiera rectificará ante las consecuencias malas, graves o desastrosas que produzcan sus decisiones.

El gobierno de México tiene que dejar de suponer que uno fue el candidato y otro será el presidente. Peña Nieto no debe esperar el agradecimiento de Trump por haberle servido aquel fatídico día de agosto para relanzar su campaña.

Vana esperanza que razone y cambie; los demagogos populistas sólo se sienten responsables ante sí mismos, ni siquiera ante sus seguidores a quienes consideran obligados a creerles.

Una recomendación de observadores que han vivido bajo regímenes populistas, como el de Berlusconi en Italia, es no apostar a que fracasen, suponiendo que los demagogos no son capaces de gobernar.

El Trumpismo seguirá unas cuantas creencias elementales, falsas en su simpleza y malas en sus efectos, como la de que Estados Unidos es víctima comercial de otros países, o la acusación a los inmigrantes de ser causantes del declive del país.

No obstante, son ideas que, por lo pronto, son más poderosas que el supuesto freno democrático que ingenuamente esperan muchos en México que limitará su arbitrariedad; operan con fuerza incomparablemente mayor que los argumentos sobre el perjuicio que causará al proyecto de integración regional norteamericana y particularmente a México, que hizo de esa integración el motivo medular de la política económica y de las reformas jurídicas más importantes de las últimas décadas.

Trump hará lo que amenazó en su campaña con hacer: exigirá mayores ventajas del TLC y deportará miles de mexicanos en poco tiempo. Lo primero causará una severa contracción de inversiones extranjeras, de las que México depende para crecer y equilibrar la balanza de pagos, y lo segundo, una crisis humanitaria por violaciones masivas de derechos humanos.

Enrique Peña Nieto y Luis Videgaray buscaron un encuentro privado con Trump antes del 20 de enero en Washington, para convencerlo. Mejor habría sido que prepararan al país para afrontar la baja de inversiones extranjeras directas y para defender a los migrantes de violaciones a sus derechos humanos. El gasolinazo tendría esa justificación.

¿Qué va a decir Peña Nieto? ¿Ya habrá entendido que no había entendido que la vieja apuesta de la integración económica a Norteamérica fracasó y que México necesita una estrategia propia?

¿Habrá entendido que para 'defender' lo que promete defender y 'triunfar' en volver a hacer "grande" a Estados Unidos, Trump tiene que presentar enemigos, y que México, los mexicanos de este lado y los que han emigrado al otro lado, somos su chivo expiatorio?

Se han querido inventar nuevos términos para etiquetar los efectos sociales y culturales de un populismo que miente demagógicamente, que trasgrede normas, que provoca y hace aceptable el odio racial como el religioso y el menosprecio a las mujeres. La era de la postverdad, ¿aplica? Creo que esa etiqueta se quedará corta muy pronto. Habrá que inventar una que incorpore en su centro a la violencia y el papel del Ejército para tratar de contenerla y cuidar tiendas que la gente saquee.

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