Opinión

Trump, ¿el derrumbe?

   
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Donald Trump (Reuters)

Una portada dice más que mil palabras. Time, la semana pasada, presentó la cara de Trump derritiéndose. Sin embargo, es muy pronto para saber si se trata de algo irreversible o remontará su pésima racha. Faltan, entre otras cosas, 90 días y tres debates que deberán celebrarse antes del 8 de noviembre.

Pero no hay duda alguna de que el panorama ha cambiado radicalmente. Antes de las convenciones, el candidato republicano había alcanzado a Hillary en las intenciones de voto y en varios sondeos incluso la superaba.

El hecho es que ahora va en un verdadero tobogán. Algunas encuestas le han otorgado una desventaja de hasta 15 puntos y el promedio de todas lo sitúa 6.8 puntos abajo (RealClearPolitics), lo que es una diferencia enorme.

Además, la ventaja de Clinton en los estados péndulo (oscilantes entre demócratas y republicanos) indica que está mucho más cerca que Trump de los 270 votos que se requieren para ganar. Así que, por donde se le vea, el panorama se le ha complicado enormemente.

Durante las últimas semanas, los errores del candidato republicano se han multiplicado: el pleito con los padres musulmanes de un héroe de guerra, la puesta en cuestión de la OTAN, la petición de que Rusia piratee los correos de Clinton, el llamado a los defensores de la segunda enmienda para detener –como sea– a la candidata demócrata y, para concluir, la afirmación de que Obama es el fundador de ISIS.

Esto ha erosionado, por fin, el recubrimiento teflón que lo había protegido durante las primarias y que él mismo sintetizó en una frase: “puedo salir y disparar en Nueva York sin que pase nada”. Y pues no, ya no es el caso. No lo es, al menos, entre los electores independientes y las élites republicanas.

Porque más allá del hundimiento en las preferencias, el golpe más fuerte lo ha recibido del interior del Partido Republicano. La carta firmada por 50 exfuncionarios de alto rango de seguridad nacional, todos republicanos, señalando que no está calificado para ser comandante en jefe y que constituye un peligro para la seguridad nacional de Estados Unidos, le pegó por debajo de la línea de flotación.

Es cierto que hay personajes que no se han deslindado: James Baker, Henry Kissinger, Codolezza Rice y Colin Powell, todos exsecretarios de Estado. Pero la presión al interior de las fuerzas republicanas es cada vez mayor. Una revista conservadora comparó recientemente a Paul Ryan con el mariscal Pétain.

Lo que está ocurriendo habla muy bien de la responsabilidad de parte de las élites republicanas, que están haciendo honor al legado de Lincoln y Reagan, como en algún momento pidió Paul Ryan. E impone una reflexión mínima, relevante para México: la alerta sobre el peligro que representa Trump no es una declaración electorera que pueda ser soslayada.

Ahora bien, la pregunta es si esos deslindes se convertirán en estampida. The Washington Post señaló que los últimos disparates aumentan “la carga sobre los líderes republicanos que continúan insistiendo en que su candidato es adecuado para servir [como presidente]”. A lo que se puede agregar otro factor: a medida que la campaña avance, si Trump no remonta habrá más presión para que el partido se deslinde o se concentre en las candidaturas para el Congreso.

A contra punto, vale señalar que Trump sí corrigió una de sus pifias, la de no apoyar a Ryan y McCain en sus respectivas campañas, y que su convocatoria a los pequeños donantes le permitió recaudar en julio casi 80 millones de dólares, lo que confirma que su electorado duro no ha sufrido mella y que lo sigue con los ojos cerrados.

Por eso no se pueden adelantar vísperas. Pero así como es imposible festejar su derrota, también es imposible descartar la posibilidad que no remonte la desventaja y que los republicanos se deslinden de él para concentrarse en la campaña por el Congreso. O, mejor aún, que el voto responsable y de conciencia, que pidió Ted Cruz se expanda como epidemia en las élites republicanas. Wishful thinking? Sí, sin duda. Aunque también sería un cálculo racional: porque sería la mejor manera de rescatar la credibilidad y honorabilidad del Grand Old Party.

Twitter: @sanchezsusarrey

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