Opinión

Trece años después, nuevos videoescándalos

 
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Eva

Trece años después, los videoescándalos están de regreso, apenas comienzan y vienen en versión corregida y aumentada.

A nivel de narrativa, el montaje es impecable. Candidata morenista es grabada recibiendo dinero para Andrés Manuel López Obrador. Líder de Morena apapacha y defiende en mitin a esa misma candidata. En ese marco, AMLO es cuestionado sobre la honestidad de esa colaboradora. Su dedito lo niega. ¿Cómo se llamó la obra? No es un cuatro, es una emboscada.

Todo ocurre en Veracruz y el dato no es menor. En esa tierra se vive un choque de trenes. Los estertores del duartismo impiden al PRI levantar cabeza. El campo quedó a merced del gobernador, Miguel Ángel Yunes. Morena tenía la oportunidad de crecer en la nueva cita electoral. Evitar eso sería una primera meta, pero el verdadero objetivo es destruir a la bujía nacional de ese movimiento opositor. El sistema se la juega con Yunes en contra del actor antisistema.

AMLO no supo evitar la trampa: durante meses se confrontó con Yunes sin advertir que estaba siendo parte de un guion que sería ensamblado mucho tiempo después.

Cuanto más exponga El Peje su honestidad, más evidente será la contradicción entre la proclamación de esa ética y el proceder de los colaboradores del autonombrado rayito de esperanza, dictaba ese libreto.

Y eso ha comenzado a ocurrir. Hoy se llama Eva Cadena. Sin embargo, como en cualquier saga, resta esperar los siguientes capítulos: cuántos videos más saldrán, quién protagonizará el siguiente y cuán cerca llegará el fuego a López Obrador.

Imposible adelantar un juicio sobre el efecto de esta operación en el electorado. A más de un mes de las elecciones en los cuatro estados que van a las urnas este año, incluidos por supuesto Veracruz y sobre todo el Estado de México, donde la candidata de Morena puntea, hay que considerar también si el efecto teflón sigue intacto.

¿Qué vimos esta semana? A una integrante de Morena hacer política como hacen política otros partidos y otros candidatos que no han logrado sembrar en el electorado la idea de que ellos son dignos de la divisa de la honestidad. Y eso es mucho.

Ante ello, López Obrador no tuvo los reflejos de hace trece años. Su primera respuesta no fue trazar un cortafuego. Al contrario, buscó refugió en el manido recurso de me tienen miedo. Eso no basta ante una oleada de mensajes que serán cuidadosamente dosificados.

Hay que decir también que en su video de respuesta ante el Evagate, López Obrador deslizó una frase que podría denotar que no descarta cualquier desenlace político.

Me pueden quitar el triunfo pero no la gloria, dijo el tabasqueño. ¿Eso quiere decir que AMLO contempla la posibilidad de que el sistema alinee videos de forma tal que constituyan un caso jurídico que lo descarrile al dejarlo legalmente imposibilitado para 2018?

Los videos tienen, sin embargo, un defecto: en esta pugna entre un sistema que desde el anonimato se lanza contra el político que ha logrado que se le vea como la única salida a la crisis de corrupción, ¿qué bando se adueñará de la credibilidad?

Y pudiera ser que los ataques, por más mejorada que haya sido la fórmula trece años después, fortalezcan a López Obrador. El juicio popular sobre AMLO no es fácil de prever.

Los videoescándalos de 2004 rompieron una frontera en el nivel en que se solía llevar la pugna por el poder en México. Y de ahí descendimos a la fractura de 2006. Hoy estamos en el umbral de otra nueva frontera. ¿A dónde nos llevará?

Twitter: @SalCamarena

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