Opinión

Transporte: oportunidad y amenaza


El gobierno federal apuesta por la infraestructura, especialmente la de transporte. No es una mala idea, puesto que una economía en crecimiento (como suponen que será ésta) requiere evitar obstáculos, especialmente en el tema financiero, energético, y de comunicaciones y transportes. Las reformas se hicieron para tener un sistema financiero más eficiente, y obtener mucha más inversión, especialmente privada, en energía y comunicaciones. Quedaba el transporte.

Ahí, el gobierno invertirá en infraestructura, buscando una meta triple: genera demanda, porque son proyectos de miles de millones de dólares; reduce obstáculos; pero también se ve, que eso es importante para las elecciones. Y de eso se trata la política.

Sin embargo, es importante evitar ahora tres grandes fallas tradicionales en México: la improvisación, el favoritismo y el populismo.

Obras improvisadas suelen convertirse en grandes tragedias, porque la inversión se pierde por completo, y no estamos para eso. Un caso que puede caer en este error es el tren México-Querétaro. No hay duda que la ruta está saturada, pero no es seguro que el tren lo resuelva. Especialmente porque sería de pasajeros, y para que eso libere presión en la ruta actual el transporte por auto y autobús debería reducirse significativamente. Reitero, no es seguro que así sea. Ampliar a más carriles la autopista actual, o tener un tren de carga podrían ser mejores soluciones.

El favoritismo es un segundo problema muy común en nuestro país, y suele relacionarse con la corrupción. Así se hicieron los grandes “empresarios” mexicanos del siglo XX, con favores de sus amigos políticos. Llevamos varios meses con una ley ferroviaria en discusión. La OCDE opina que puede reducir la competitividad del país (ésa que cayó ayer, por cierto), pero el líder de Canacero, Alonso Ancira, afirma que apunta en la dirección correcta. Tal vez por eso hay quien piensa que se favorece a este empresario, y a otros, con una ley a la medida.

Finalmente, está el tema del populismo. El PRI es un partido populista de origen (y se lo heredó al PRD, aunque parece haber contagiado también al PAN). En el transporte, esto se refleja no sólo en la introducción de autos y camiones ilegales al país, sino en regulaciones que les permiten circular, a pesar de que son no sólo ineficientes, sino peligrosos. Si México crece, tendremos que mover más carga, y eso sólo puede ser más seguro y eficiente con menos camiones, de mayor tamaño y tecnología apropiada.

Lo que México ha hecho en los últimos dos años es espectacular, pero puede ser inútil si las prácticas de antaño se continúan. Construir infraestructura sin planeación adecuada, o para favorecer a amigos y socios, o para controlar grupos corporativos, no va a permitir que México aproveche la gran oportunidad que tiene hoy.

Aprovechar la construcción de infraestructura para ganar votos no es una mala idea. Hacerlo para además ganar amigos, socios o corporaciones subordinadas, es precisamente el grave problema de México durante el siglo XX. Es la diferencia, que parece pequeña, entre el capitalismo en una democracia moderna, y el capitalismo de cuates (cómplices) en un sistema autoritario. Es la diferencia entre un país desarrollado y uno fracasado, como lo fue México en el siglo XX. No hay que equivocarse en esto.