Opinión

¿Traerá inestabilidad financiera la elección
de 2018?

    
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Quintana

¿En qué medida los procesos electorales del próximo año pueden implicar un trastorno para la economía y las finanzas del país?

Todo depende de la dinámica que haya, de los candidatos y sus propuestas, y de las probabilidades que cada uno tenga de ganar la elección.

Resulta interesante observar qué ocurrió en el pasado con algunas variables justo antes de las elecciones.

Comencemos con las primeras que produjeron la alternancia en el Poder Ejecutivo por primera vez en la historia, con el triunfo de Vicente Fox.

Quizá la variable más sensible sea el tipo de cambio. Pues resulta que, en los primeros siete meses del año 2000, la paridad fluctuó entre 9.39 y 9.45 pesos. Es decir, aunque se percibía la posibilidad del triunfo de Fox, no hubo ni corrida en contra de nuestra divisa ni tampoco fuga de capitales.

Es decir, no se percibió riesgo macroeconómico significativo.

Las cosas fueron diferentes en 2006. Al comenzar el año, la cotización de nuestra moneda frente al dólar se ubicaba en 10.62 pesos; a pocos días de las elecciones, la paridad se ubicaba en 11.41. Es decir, hubo una depreciación de 7.4 por ciento en el valor del peso.

Uno dato curioso de ese proceso es que antes de la elección no hubo salida de capitales visible. Pero entre julio y septiembre se fueron casi nueve mil millones de dólares de inversión en cartera y en la segunda mitad del año las reservas internacionales bajaron en alrededor de ocho mil 600 millones de dólares.

Claramente, la incertidumbre tuvo su efecto después de la elección, tras el desconocimiento de los resultados por parte de López Obrador y luego tras el plantón de Reforma.

Y se diluyó cuando todas las protestas se transformaron en la configuración de un ‘gobierno legítimo’.

Ya en 2007, las cosas gradualmente se normalizaron.

En 2012 no hubo ningún trastorno en la paridad. Empezamos el año con 13.70 pesos por dólar y en julio la divisa norteamericana se había abaratado en alrededor de 30 centavos.

No sólo no hubo salida de capitales en el año electoral, sino que incluso se incrementaron las entradas.

¿En qué condiciones las cosas podrían ser diferentes en 2018?

Veo sólo dos escenarios en los cuales el proceso electoral podría dar lugar a una situación de inestabilidad económica y financiera.

Uno de ellos es aquel en el que se dan dos condiciones: la percepción de un triunfo virtualmente seguro de AMLO al mismo tiempo que un discurso radical del candidato de Morena, que haga presumir que va a cambiar las reglas del juego de la economía de manera drástica, impulsando el estatismo, el déficit, y una contrarreforma generalizada.

El otro escenario es aquel en el que, al margen de quién resulte ganador del proceso electoral, se anticipe una crisis política por la falta de reconocimiento de los resultados y por la pérdida de legitimidad del marco institucional.

Creo que, en otras condiciones, a pesar de las crecientes preocupaciones que existen en el medio empresarial por la sucesión de 2018, no tendríamos un trastorno económico mayor.

Esto, bajo el supuesto de que se mantiene un Poder Legislativo que equilibra el Poder del Ejecutivo, y un Poder Judicial independiente.

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