Opinión

TPP: Apuntes iniciales y pendientes

 
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industria automotriz

Después de cinco años de negociaciones (tres para México, que se incorporó hasta 2012) finalmente se alcanzaron acuerdos básicos
–todavía falta la redacción jurídica– para suscribir la Alianza Transpacífica de Asociación Económica o TPP, por sus siglas en inglés. El argumento del gobierno mexicano para sumarse a ese tratado fue no perder las ventajas y posición comercial obtenidas en otros acuerdos de libre comercio, particularmente en el TLC con Estados Unidos, pero también con Canadá, Chile, Perú y Japón que forman parte del TPP. El ingreso de México a la “invitación” de Estados Unidos no estuvo exenta de costos en preferencias comerciales, como ceder al ingreso de papa estadounidense a todo el territorio nacional, hoy todavía suspendido por un juez.

En la medida que las negociaciones se llevaron a cabo con discreción, en secrecía dirían algunos, lo cual es entendible dada la complejidad de temas y su multilateralidad (11 países), se anticipa que hasta dentro de un mes se conocerán los detalles de los 30 capítulos que integran el TPP y que, supuestamente, contienen aspectos novedosos con respecto a otros tratados comerciales, ya que no sólo incluye los temas tradicionales (desgravación de aranceles, reducción de barreras no arancelarias, protección de inversiones, compras de gobierno, etcétera) sino también de propiedad intelectual, medio ambiente (protección de vida salvaje), información (internet), comercio en línea, seguridad, pequeños negocios (Pymes), transparencia y anticorrupción, entre otros.

Para México, y a pesar de su anuncio con bombo y platillo, en principio los beneficios serán marginales. En 2014 el comercio con los seis países miembros del TPP con los que no se tenían acuerdos de libre comercio sólo representó 0.5 por ciento de las exportaciones y 2.7 por ciento de las importaciones totales. Aunque es factible que se hayan obtenido ventajas adicionales a las que ya se tenían para algunos productos específicos (por ejemplo, en cárnicos con Japón), la participación de México fue claramente defensiva. Ese fue el caso de los sectores automotor, para minimizar la reducción del contenido regional (en el TLCAN es de 62.5 por ciento y aparentemente quedó entre 40 y 50 por ciento; del agropecuario, sobre todo en arroz (aunque importamos 85 por ciento el consumo nacional) y azúcar para no perder mercado en Estados Unidos frente a Australia; del textil, ante la amenaza de Vietnam y su vinculación con los insumos provenientes de China; y del farmacéutico, por la duración de las patentes para medicamentos biológicos y de elevado costo. Esos fueron los sectores más sensibles en la negociación para varios países.

Aunque según la Secretaría de Economía el TPP “abre nuevas oportunidades de negocio para el sector productivo nacional en seis mercados de Asia-Pacífico”, la realidad es que con excepción de América del Norte, México ha subaprovechado los acuerdos comerciales que ha suscrito con otros países. Los casos más evidentes son Europa (firmado en 2000) y el propio Japón (2005), con el que sólo se realiza 2.5 por ciento del comercio total y con una participación decreciente.

En cuanto a los riesgos del TPP, habrá que conocer los detalles de la negociación tanto para los “productos sensibles” como para otros que no se han mencionado pero en los que puede haber impactos para la producción nacional y el empleo; aunque la STPS señaló que el tratado “generará nuevos empleos”, también se pueden perder en varios sectores. Los casos más evidentes son lácteos y cárnicos (competencia de Nueva Zelanda y Australia), café (en particular robusta de Vietnam), varios cultivos agroindustriales como hule y aceite de palma (Malasia) y electrónicos (Malasia y Vietnam).

El proceso para que el TPP entre en vigor todavía será largo: un mes para conocer su contenido específico; aprobación en varios países (complicada, sobre todo en EU pero también en Canadá y Australia); y firma definitiva. Algunos estiman que tardará dos años, así que habrá tiempo para analizarlo y, en su caso, cuestionarlo.

Correo: mruizfunes@gmail.com

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