Opinión

Tormentón

 
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Gamés.

Gil leyó la noticia con los ojos de plato y plata en su periódico El Universal en una nota de Vania Pigeonutt: “desde su instalación en diciembre de 2014, los gobiernos federal, estatal y municipal han reforzado cinco veces el operativo de seguridad permanente en el puerto de Acapulco sin que logren disminuir los índices delincuenciales”. En 2015 fueron plagiados 19 maestros, en 2016 han sido asesinadas 332 personas; de ser la atracción turística más importante de México, Acapulco pasó a ser el municipio más violento de Guerrero. Motos acuáticas conducidas por sicarios se acercan a las playas y ejecutan a sus objetivos.

Decenas de escuelas y de comercios se encuentran cerrados. El puerto permanece sin actividad y la zona turística se encuentra vacía.

Elena Azaola, académica de CIESAS, señala que “la política, en el caso de que exista, es ineficiente e insuficiente”. Hasta marzo, Guerrero era considerado como el segundo lugar en homicidios dolosos, después de Colima, según los datos que la Fiscalía del estado envía a la Secretaría de Gobernación. Durante el gobierno de Héctor Astudillo que inició en 2015, en Guerrero se registraron mil 49 homicidios dolosos, 73 extorsiones, 114 personas privadas de la libertad y 40 secuestros denunciados. No hace falta ser un especialista en violencia para saber que Guerrero se encuentra en manos del crimen organizado. Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: muy bonito; vamos bien.

THE NEW YORK TIMES
Gamés no recuerda una tormenta mediática en el extranjero con más rayos y centellas que la que enfrenta el gobierno de Peña Nieto en estos días. ¿Exagera Gilga? El Grupo Interdisciplinario de Expertos Internacionales, o como se llame, ha logrado su cometido. Un editorial del poderoso diario The New York Times le ha dado vuelta al mundo: “México huye de la verdad”: el reporte del GIEI “es una condena al sistema judicial notoriamente corrupto y frecuentemente brutal”. ¡Soc! ¡Pum! ¡Parraplán!

Tardaremos un infierno en regresar de esta condena. Ahora mal sin bien: a la luz de la realidad de Guerrero, ¿con qué cara podrían los gobiernos federal y estatal regresar de las llamas de ese editorial? El punto: todo el gasto lo paga el gobierno de Peña Nieto. Una campaña así no la tiene ni Obama. ¿No es un poco demasiado? Gil ya oye los murmullos: hijo de Atlacomulco, infame toluqueño, defensor del Edomex, vendido a Peña, sobrino de Eruviel, biógrafo de Hank González, primo de Delmacito, en fon, será el sereno pero el costo ha sido alto y no necesariamente equilibrado. Al mismo tiempo, Gilga lo leyó en su periódico El País: “la ONU expresó su apoyo al Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (a Gamés le gusta desatar los acrónimos) y acusó a la Fiscalía de obstruir las pesquisas y a miembros del Ejército de manipular escenarios clave y de torturar a 17 detenidos para corroborar la versión oficial”.

Gamés vuelve a su obsesiva propuesta: si el debido proceso y la manga del muerto han fallado, el Grupo de Expertos debió exigir la liberación de las finísimas personas que se encuentran presas y confesas de asesinato: a comer pozole en Iguala porque el indebido proceso valió sorbete. Pero no se atrevieron los expertos, su compromiso jurídico es cercano a cero. Oh, sí.

ESTADOS UNIDOS
Señoras y señores: algo está podrido en Iguala. Algo grande. Ya nadie nunca se pondrá de acuerdo respecto al terrible crimen de 43 jóvenes normalistas de Ayotzinapa, porque están muertos y es una maldad afirmar que podrían aparecer con vida. A través de John Kirby, portavoz del Departamento de Estado, el gobierno de Estados Unidos se sumó a la zacapela: “confiamos en que las autoridades mexicanas considerarán cuidadosamente las recomendaciones del informe del GIEI”.

El contenido férvido (gran palabra) de los llamados de la ONU y del gobierno de Estados Unidos pareciera denunciar una omisión, un desinterés, una indiferencia del gobierno mexicano. No se lo tomen a mal a Gilga, si tuviéramos un canciller de verdad, ese asunto se habría discutido y negociado en privado antes de reventar en los medios, pero caracho, con el perdón de la señora Ruiz Massieu, hay cosas que no se pueden aprender en unas horas.

Total, un tormentón. Gilga repite y subraya: el trabajo del GIEI ha cumplido sus objetivos. Gil propone: por qué no le pagamos a los expertos otro millón de dólares para que digan que su empleador les ha impedido realizar su trabajo. Mecáchis en veinte. No somos nada; o sí, somos un desastre por donde se le vea, por arriba y por abajo, dicho esto sin la menor intención de un albur mediático. En fon.

La máxima de Manuel Vicent espetó en el ático de las frases célebres: El que busca la verdad, corre el riesgo de encontrarla.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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