Opinión

'Top of the Lake', la serie para la era pos-Weinstein

 
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top of the lake

En un artículo publicado en The New Yorker, el novelista de origen bosnio Aleksandar Hemon explica por qué aceptó escribir para Sense8: “Me parece que, como herramienta para comprender la realidad contemporánea, la televisión ha superado a la literatura. Ninguna novela ha hecho un retrato más claro de la noción de liderazgo cripto fascista de George W. Bush que The Sopranos. Si quisieras entender el desastre que ha dejado a su paso la supuesta guerra contra las drogas no leerías una novela: verías The Wire”. Recientemente, pocas noticias han levantado más ámpula que el reportaje donde el New York Times documenta los casos de abuso que han involucrado a Harvey Weinstein, un productor tan poderoso que, en la ceremonia del Óscar, sólo Steven Spielberg y Dios han recibido más agradecimientos. Para comprender el caldo de cultivo que permite la proliferación de depredadores como Weinstein, en absoluto circunscrito a Hollywood, vale la pena ver Top of the Lake, creada por Jane Campion, cuyas dos temporadas abordan un universo dominado por machos siniestros, puestos en jaque por la detective Robin Griffin (Elisabeth Moss).

En la primera temporada, Robin investigaba la desaparición de Tui, una menor de edad embarazada, en un pueblo neozelandés dividido entre la lealtad a un clan patriarcal, liderado por Matt Mitcham (Peter Mullan, inolvidable), y a una comuna de mujeres medio hippies, con GJ (Holly Hunter) a la cabeza. A medida que se complicaba el trabajo de Robin, el espectador iba entrando no sólo en los rincones más oscuros del pueblo sino del pasado de la detective. Campion utilizó la belleza de su país natal de una forma diametralmente opuesta a la Nueva Zelanda de guía turística que Peter Jackson mostró en The Lord of the Rings. En Top of the Lake, aquellas lejanas islas son una suerte de Edén torcido, en el que los hombres violan, agreden y someten a las mujeres como si de verdad hubieran salido de sus costillas y les debieran la vida. Con un solo tema en la mira, Top of the Lake resulta estrecha pero también consistente. La segunda temporada, Top of the Lake: China Girl, no amplía el abanico temático. Es, más que la primera tanda de capítulos, una historia obsesionada con el rol de la mujer dentro del patriarcado.

Esta vez no es la desaparición sino el asesinato de una chica lo que impulsa la trama. La búsqueda de Robin es ahora doble: por un lado persigue al asesino de la china girl del título y por otro va en busca de su propia hija, a la que dio en adopción. Conforme ligamos una búsqueda con la otra, la estrechez de la primera temporada
empieza a revelarse como un problema, llevando la idea del pueblo chico infierno grande a extremos absurdos. Es más difícil disculpar estos huecos de lógica (o conexiones demasiado convenientes) ahora que Campion reemplazó aquel pueblo neozelandés con Sídney: un escenario urbano y desigual que ni por asomo rinde imágenes tan memorables como el de la primera temporada.

No obstante, las inquietudes siguen siendo consistentes: mujeres que son madres frustradas y hombres que en general las tratan como si fueran sus propiedades. El villano caricaturesco de China Girl está lejos de la complejidad de Matt Mitcham, pero son fascinantes sus héroes, impelidos por un sentido de honor que parece no tener cabida en un mundo hostil, cínico e indiferente. Olvídense de poner a la Mujer Maravilla como ejemplo de fortaleza para las niñas de 2017: basta que
conozcan a la detective Robin Griffin.

Twitter: @dkrauze156

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