Opinión

Todos los derrumbes
son iguales

 
1
 

 

Amy.

Amy, reciente ganador del Óscar a Mejor documental, dirigido por Asif Kapadia, traza el ascenso y caída de Amy Winehouse, un arco que va de la gloria artística a la cloaca de las drogas y el alcohol. Además de emplear videos caseros, entrevistas y testimonios de amigos y familia, Kapadia hace uso de los cuadernos donde escribía Winehouse, salpicados de corazones como los de una niña de primaria, para después mostrarnos esas mismas letras sobre clips de ella cantando en foros y estadios llenos. En efecto, Winehouse, a la que un colega describe como “un alma muy vieja dentro de una mujer muy joven”, resulta un personaje disonante: aun camino a la evaporación, su cuerpo alberga una voz ronca, caleidoscópica y dúctil, capaz de sonar herida, sabia y rebelde durante el mismo aliento. Su presencia indiferente, pero magnética sobre el escenario, oculta a una chica insegura, de corazón frágil, alérgica a la fama y propensa a la adicción.

Junto con Kurt Cobain: Montage of Heck, de Brett Morgen, Amy fue el segundo documental de 2015 en abordar la vida de un artista que murió antes de cumplir los 30. A diferencia de Morgen –un director hiperactivo y ruidoso–, Kapadia apuesta por un tono intimista, hurgando entre el material en busca de la Winehouse que existía lejos de los reflectores y después detonando ese punto de vista frente a los flashes cada vez más intrusivos de una jauría de paparazzi. Si bien Amy es una película más pulcra que Montage of Heck, la conclusión no deja de ser parecida. Kapadia se esmera por revelar los resortes internos que orillaron a Amy a la autodestrucción, pero el derrumbe se asemeja al del propio Cobain o al de River Phoenix.

Abandonada de niña por su padre –un tipejo que engorda y engorda mientras su hija bulímica se desvanece–, Winehouse se solaza en su larga y nociva relación con Blake Fielder, un adicto al que ella no puede soltar, precisamente porque es incapaz de digerir otro abandono.

Aunque bien delineada, la vida interior de Winehouse no es suficiente como para fincar una película de dos horas y fracción.

'Amy'
Año: 2015
Director: Asif Kapadia
País: Reino Unido
Productores: James Gay-Rees, George Pank
y Paul Bell
Duración: 128 minutos
Cines: Cinépolis y Cineteca Nacional

Lo que queda es un declive, tan frustrante como cualquier otro, donde los intereses ajenos, las malas decisiones y el contacto irrestricto con las drogas precipitan a una celebridad a la tumba.

Por eso Amy es inferior a All or Nothing at All, el épico documental de cuatro horas que Alex Gibney dirigió sobre Frank Sinatra el año pasado.

Prácticamente idéntica en estilo a la cinta de Kapadia, All or Nothing at All utiliza a Sinatra para hilar una crónica de Estados Unidos a través de su intérprete icónico y de las décadas donde fue, y después dejó de ser relevante. De ese modo, Gibney logra salirse de los márgenes biográficos para darnos una obra más compleja que Montage of Heck y la propia Amy. Kapadia acertó de manera similar con Senna, su inolvidable documental sobre el héroe brasileño del automovilismo, su rivalidad con Alain Prost y su accidente en San Marino. Aquí se queda corto. Aunque atraviesa la carrera de Winehouse, Amy es un documental escueto, en cierta medida porque la adicción desdibuja el carácter y estrecha la ambición del personaje en turno, reduciéndola a la necesidad de una jeringa o un trago. En la primera mitad, Winehouse es una chica fascinante por impredecible. Conforme el alcohol y las drogas la consumen, se vuelve todo lo contrario.

El momento más punzante de Amy no es su muerte, sino el fin de su carrera sobre un escenario en Belgrado, donde Winehouse –colmada de estupefacientes– se rehúsa a cantar. Sus letras, presentes en el resto de sus interpretaciones, por primera vez no aparecen en pantalla.

Incapaz de arribar a comentarios más hondos, Kapadia se limita a subrayar lo que el mundo de la música –y nosotros, por añadidura– perdió al perderla. El silencio de Belgrado continúa hasta hoy.

Twitter: @dkrauze156

También te puede interesar:
'Room': muchas ideas, pocas nueces
'Carol', entre el ingenio y la convención
Anomalisa: el infierno somos nosotros