Opinión

Todo y sin medida

Sigue la mata dando. Gil revisaba sus periódicos en línea antes de dar trama definitiva a esta página del fondo. Gamés lo leyó en su periódico Reforma. Los once consejeros del Instituto Nacional Electoral lamentaron la agresión que sufrieron los consejeros distritales en Tlapa de Comonfort, Guerrero. Según una nota puesta en la pantalla a las seis de la tarde, unos cien integrantes del Movimiento Popular Guerrerense obligaron a los consejeros del Distrito 5 de Guerrero a dar por terminada la sesión y luego los llevaron al plantón que realizaban en el Palacio Municipal para demandar la presentación de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa.

Van a perdonar a Gamés, pero ya chole con el negocio de la tragedia, ¿no están ustedes, lectora y lector, hasta la madre? Porque Gil, como las ligas muy usadas, ya dio de sí. Una tragedia convertida en morralla para beneficio de las brigadas de asalto de la CETEG y del Movimiento Popular de lo que usted quiera y mande, es igual.

“Ya les dijimos que no habrá elecciones, pero ustedes no entienden”, les gritaba un grupo de maestros a los funcionarios electorales que sesionaban en una casa particular de la colonia Nueva Jerusalén pues el edificio del INE había sido clausurado por los integrantes del movimiento popular. Gamés se desvaneció en el mullido sillón. Al despertar dijo: díganme que todo fue un sueño.

No fue un sueño, la realidad impone sus reglas. En ese falso sueño, Lorenzo Córdova leyó un mensaje en el que pidió a las autoridades del Estado, a los partidos, a las organizaciones de la sociedad, su participación para construir un espacio en el que las elecciones ocurran: “Es tiempo que todos asumamos las responsabilidades a las cuales está uno obligado a jugar”.

Si Gil entendió algo, lo cual parece improbable, Córdova le habla al gobierno de Peña Nieto y a sus funcionarios y operadores: ¿van a hacer algo para la realización de las elecciones en el estado de Guerrero, o todo lo dejarán al azar, al arreglo al diez para las doce? Vamos a cerrar los ojos, al abrirlos, la CETEG desparecerá, el movimiento popular se esfumará y todo volverá a la normalidad.

Política

Gamés reconoce al menos tres políticas o formas de arreglar las discordias en las cuales el gobierno soporta su fortaleza: una, descrita como la de 'Ojos bien cerrados': no veo nada, ¿tú ves algo, Miguel Ángel?; nada veo, presidente. Hay otra: seremos cautelosos, tan cautelosos que vamos a desaparecer, un-dos-tres, ¿qué ves? Nada, presidente, ni siquiera al gobierno de la República (Gil se quedó en que esto era una República). Y la tercera, conocida como 'El miedo no anda en burro': ¿los sacamos de las alcaldías a palos? Vamos a esperar la coyuntura, Aurelio, tranquilos, no comamos ansias. La unión de estas tres políticas logra primero que nada la debilidad del gobierno y, al final, el descrédito.

Lectora y lector: ¿llama Gamés a la represión? No. Para nada, pero Gilga cree que el gobierno debió encontrar una forma definitiva para poner un alto a la CETEG y sus grupos fascistas. Entregarles el estado con un desgobernador acarreará muchas más contrariedades. Al tiempo lo hablamos.

Así las casas (muletilla hipotecada por Grupo Higa), Córdova ha pintado su raya al decir que el único límite que el INE no pasará es el de la seguridad de sus funcionarios electorales: “Haremos lo que se pueda hacer para cumplir nuestra función y no más”. Detrás de las palabras de Córdova parecía oírse esto: si a ustedes les importa una almendra (que ya se sabe, es más que un cacahuate), nosotros no vamos a poner los heridos, buenas noches.

La huída

En otro orden de cosas, la verdad es que Gil quisiera huir como huyó Rafael Olvera Amezcua, defraudador de más de cinco mil ahorradores en Ficrea. El señor Olvera mandó a un propio a unas oficinas en las cuales había una caja fuerte; de esa caja, los enviados extrajeron 25 millones de pesos en billetes (debió ser grande la caja) y los metieron en dos cajas de cartón. Gil imagina una escena de amor desesperado: amor mío, aquí te dejo estos tres millones en efectivo, por lo que pudiera ofrecerse. Una gran huída, carambas. Con el efectivo en su poder, Olvera abordó un Rolls Royce y se dio a la fuga. Seguro pensó: a bordo de este auto y con dos cajas de cartón repletas de dinero, nadie me reconocerá. Tuvo razón, Olvera sigue en libertad.

La máxima de Oscar Wilde espetó en el ático de las frases célebres: “Hay pecados cuya fascinación está más en el recuerdo que en la comisión de ellos”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX