Opinión

TLCAN, el contexto político

 
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TLCAN

En 1993 el 'socialismo real' había caído, el capitalismo triunfaba de manera rotunda, hubo hasta quien se atrevió a afirmar que habíamos llegado al 'fin de la historia'. Con la caída del socialismo real, al capitalismo se le abrían nuevos horizontes, se vislumbraba nuevos mercados y las ideas del neoliberalismo y del 'consenso de Washington' eran hegemónicas; con ello la globalización se consolidaba, el Estado se debilitaba y el mercado se robustecía.

Con una visión estratégica y geopolítica de estos acontecimientos, el gobierno mexicano de entonces encontró en sus homólogos de Canadá y de Estados Unidos las condiciones para actuar rápidamente, y así como Europa aceleraba su unificación, acá se pensó que se podría y se pudo conformar la arquitectura de un gran acuerdo comercial, el TLCAN, el más importante acuerdo comercial en el mundo.

Hoy, 23 años después de haberse puesto en marcha el TLCAN, mucha agua ha corrido debajo del puente, pero también nuevos actores y novedosos desarrollos tecnológicos estarían presentes, pero los ideas hegemónicas tampoco son las de entonces, el contexto político internacional ha cambiado; hoy no son las ideas de la globalización las que predominan, sino las nuevas visiones locales; los nacionalistas están ganando o son importantes en los países asociados, o de la mano de los nuevos populismos, particularmente después de la crisis de 2008 y bajo este contexto internacional, particularmente en el socio más importante como es Estados Unidos, los que hoy han triunfado y están en la presidencia de su país, y con quienes se dará la parte más difícil de la renegociación.

En el caso de México, el Ejecutivo actual tiene una aceptación de sólo 19 por ciento a diferencia del 80 por ciento que tenía el presidente que encabezó las negociaciones en 1993. Además, hoy quien encabeza las encuestas rumbo a 2018 no se ha pronunciado a favor de la globalización ni del TLCAN, sino que al contrario, habla más bien de cerrar el país a una visión de mercado interno del México de antaño.

En un ambiente nacional socavado, de irritación y de incertidumbre, se iniciará el próximo 16 de agosto la renegociación del TLCAN. El fundamento de la renegociación: una decisión política, una promesa de campaña que parte de la amenaza de terminar lo que hoy día significa el intercambio de cerca de dos mil 600 millones de dólares en productos diarios, lo que equivale a 108 millones de dólares por hora, de acuerdo a datos de la American Chamber México.

La comisión negociadora está encabezada por un gobierno cuyo presidente y sus omisiones y actuaciones han sido sumamente cuestionadas, se sienta a la mesa con sus principales socios comerciales con la más baja aprobación histórica y, además, inmerso en un proceso electoral que inicia el 8 de septiembre y se vislumbra de alta competencia y, por decir lo menos, de desgaste de nuestras instituciones.

Ese es el equipaje que lleva el presidente a la mesa y sus adversarios lo saben; de un país al límite por la corrupción y la impunidad, en donde la mitad de sus habitantes viven en la pobreza, en donde según el Inegi hay más de 65 homicidios diarios, y que además se juegan nada más y nada menos, de acuerdo con la Secretaría de Economía, nuevas reglas o la extinción de aranceles preferenciales de 66.5 por ciento del valor del comercio total de México.

Aunado a lo anterior, para 2019 que se aprobaría (si es que se logra salvar), quien lo tendría que ratificar será el Senado de la República, cuya integración es incierta, ya que resultará de la elección de 2018.

Las manifestaciones han comenzado en la Ciudad de México, las negociaciones están por comenzar, la incertidumbre se apodera del contexto y seguimos buscando en los que han conducido este sexenio, a los estadistas que México demanda.

Twitter: @SamuelAguilarS

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