Opinión

Tláhuac: Morena en su tinta

  
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AMLO. (Cuartoscuro/Archivo)

El partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena) tendrá que sortear varios escollos, si quiere ganar a votantes más allá de su feligresía sexenal. Si quiere ganar en 2018, pues.

Cualquier puntero, y el candidato de Morena lo es por el momento en las encuestas, será sometido a más escrutinio que los otros competidores. Hay muchos interesados en que se caiga el líder, o al menos en recortar la mayor distancia posible antes de la cita electoral.
Por tanto, no cabe la queja de que a ellos, a los de Morena, se les aplica una lupa más grande que a otros candidatos.

Es lo normal. Y alguien como Andrés Manuel López Obrador sabe de sobra eso, por más que luego se atore, precisamente, con esa obviedad.

Así que allá AMLO si en este momento, a un año de los comicios, repite el error cometido meses atrás: en plena campaña por el Edomex se hartó de las preguntas de los periodistas, y en mala hora terminó peleando al aire con Pepe Cárdenas o rezongando ante las preguntas de Aristegui. Los cuestionamientos serán intensos y permanentes. Lo mismo sobre Venezuela, que sobre asuntos coyunturales.

Otro reto importante para Morena será saber atajar crisis. Pero por lo visto en estos días López Obrador y sus dirigentes nomás no cactan que no toda cosa que les pase obedece a un compló.

En la semana transcurrida desde el operativo de la Marina en Tláhuac, López Obrador y los suyos han dado muestras de que no saben atender los problemas, se enredan y hacen más grandes asuntos que debieron haber intentado contener, aislar.

Los de Morena no han leído bien el tema de Tláhuac, delegación gobernada (es un decir) por su correligionario Rigoberto Salgado.
Tras los hechos de todos conocidos, cuestionar desde la prensa, y desde ámbitos como cámaras legislativas, sobre qué sabía y qué no sabía el delegado de la operación de grupos criminales en su demarcación, es una obligación elemental. Ver en eso una intencionalidad política es ñoño. Claro que la existe: se quiere un debate para juzgar la omisión o el actuar de un político en una coyuntura grave para la comunidad.

Por eso, Morena debió haber sido el primero en exigir que el delegado aportara elementos al debate que de pronto se abrió –a balazos por si fuera poco– sobre la operación de criminales en Tláhuac.

¿Qué hizo en vez de eso el delegado? Se escondió días y días. ¿Qué hizo al reaparecer el delegado? Se burló de la opinión pública al decir que no se había escondido. ¿Qué hizo su partido? Consecuentar al delegado en su vergonzante actitud.

Tras el operativo militar en Tláhuac, la inseguridad en esa demarcación era un problema que tenían que explicar su delegado y las autoridades de otros ámbitos (el GDF y el gobierno federal). Sin embargo, dado que el delegado se esfumó, que no respondió pronta ni adecuadamente, y dado que Morena no pidió antes que nadie que su correligionario aportara ante las autoridades y ante la opinión pública su versión de los hechos, hoy el tema de Tláhuac no sólo es sobre la violencia en esa demarcación, sino sobre la capacidad de Morena para hacer frente a temas de violencia.

En el colmo, dirigentes y gobernantes han salido a respaldar acríticamente a Salgado, y López Obrador ya dijo ayer que estamos ante otro intento de la mafia de no sé qué por mancharlo.

Ese es el mayor escollo de Morena: con su complotitis no ganarán ni un voto más de los que ya tienen, y si siguen así, perderán de nuevo.

Twitter: @SalCamarena

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