Opinión

Tiranía democrática

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Elecciones Turquía. (Reuters)

La tentación por el poder absoluto subsiste hasta en los regímenes más democráticos.

Los conflictos que enfrenta un líder electo en las urnas en el marco de un sistema parlamentario, donde está obligado a construir consensos y alianzas para conformar gobierno, conduce al sueño efímero del ejercicio total del poder. La victoria mayoritaria de un parlamento o una cámara de representantes, donde el partido triunfador no tenga que consultar nada, construir bloques o convencer a nadie. Se gobierna y se impone una visión, un criterio, una perspectiva de acción que se ejerce por la fuerza de las curules y los representantes.

En México conocemos bien este sistema: se llama “mayoriteo” y se empleó por años en que el PRI era –hasta 1997- la fuerza principal en la Cámara de Diputados. Se hablaba entonces de la aplanadora verde o tricolor que pasaba por encima de cualquier oposición por digna o decorativa que resultara.

El triunfo el pasado domingo del líder turco Tayip Erdogan, lo convierte en esa fuerza aplastante, mayoritaria, que controlará por completo al parlamento de Turquía.

Se trata del AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo) de corte islamista y conservador que mantuvo por tres períodos al señor Erdogan como Primer Ministro y ahora como Presidente en una suma que alcanza ya los 12 años en el poder. Y va por más. El señor Erdogan pretende, lo ha hecho público, encabezar a su país hacia el primer cuarto del siglo XXI – 2025- y celebrar el primer centenario de la República fundada por el héroe turco Mustafá Kemal Ataturk.

Con las elecciones del pasado domingo demostró su fuerza, su músculo y sobretodo, su arrojo. El pasado mes de junio del 2015 se habían celebrado comicios al parlamento –lo consignamos en este espacio- donde obtuvo 255 escaños de un total de 550. Fue necesario conformar un gobierno de coalición que fracasó y que condujo a unas nuevas elecciones al parlamento. Así que el Presidente Erdogan, haciendo gala de su capacidad política y de su profundo conocimiento del pueblo turco, rechazó una nueva alianza, cerró el parlamento y convocó a nuevas elecciones. Su propósito fue obtener una victoria mayoritaria, aplastante, que le permitiera avanzar en una nueva Constitución que le otorgue amplios e ilimitados poderes presidenciales.

La presencia del partido pro kurdo HDO (Partido por la Democracia de los Pueblos) y su ascendencia sobre los grupos violentos que actúan al sureste de Turquía, en la conflictiva zona fronteriza con Siria y con el norte de Irak que representa el enclave del Estado Islámico.

El discurso del miedo, el riesgo a una etapa de inestabilidad y la ruptura de la tregua con los grupos pro kurdos, fueron argumentos de peso para la victoria del AKP, que superó incluso sus propias expectativas.

Con el 49% de los asientos parlamentarios, Erdogan consigue la más amplia mayoría, pero no la absoluta que desearía para modificar la constitución. Tendrá que formar algún grupo de alianza con los socialdemócratas laicos del CHP para impulsar alguna modificación constitucional.

El riesgo es la construcción de un autócrata, de un Sultán parlamentario que gobierne por decreto, por mandato y juegue con esta permanente ambigüedad entre un estado islámico fuerte, seguro, conservador y al mismo tiempo moderno, aliado a Europa, cercano a la OTAN, participante en los bombardeos contra posiciones del Estado Islámico que ha caracterizado al presidente.

Erdogan sabe de las fibras que mueven a su pueblo, es un producto directo de las calles donde se formó y aprendió la dinámica social.
Conoce el temor a la inestabilidad, el pánico al caos del islamismo más radical y prefiere el equilibrio con las voces más conservadoras que promueven el crecimiento económico, el turismo, la inversión europea.

Ha logrado un brillante impulso en los últimos diez años, al colocar a Turquía como una potencia media en el mundo islámico, capaz de generar riqueza, empleo, productividad en el marco del respeto a la religión y a las tradiciones.

Sus delicadas fronteras, el dilema gravísimo de la crisis migratoria, la amenaza retardataria y violenta del Estado Islámico obligarán al presidente Erdogan a buscar alianzas y ceder en posiciones inamovibles. Siempre con el riesgo enorme de ceder ante la tentación tiránica y autocrática.

Twitter: @LKourchenko

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