Opinión

Tipo de cambio y balanza de pagos

 
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Dólar. (Eladio Ortiz)

La semana pasada el tipo de cambio mexicano vivió un episodio preocupante: fue una de las monedas que más se depreció en América Latina y en el mundo emergente. Esto generó todo tipo de reacciones y especulaciones que incluso llevaron al gobernador del Banco de México a señalar que el peso estaba sobre reaccionando y que los participantes del mercado no han atendido a los fundamentos de la economía, o, en otras palabras, que están equivocados.

Si uno ve las cifras desde el inicio del presente año, el peso también ha sido una de las monedas que más se ha depreciado en el mundo emergente (la segunda después del rublo ruso). Incluso yendo un poco más atrás, desde mayo de 2013, fecha en que el entonces presidente del FED estadounidense, Ben Bernanke, dijo que en ese año empezaría a retirar los estímulos monetarios, el peso acumuló una depreciación de 35%, siendo la quinta moneda más depreciada entre todos los países emergentes.

Una de dos, o los inversionistas están efectivamente equivocados, tal como señala el gobernador del Banco de México, o los fundamentos de la economía no son tan sólidos como afirman las autoridades responsables de la política económica.

En vista de que el cambiario es un mercado como cualquier otro, lo relevante es analizar las fuentes de la oferta y demanda de divisas, mismas que se pueden ver a través de las cuentas de la balanza de pagos.

La demanda de divisas viene por el lado de la cuenta corriente de la balanza de pagos, misma que ha visto un rápido deterioro en el último año. Así, el déficit en la cuenta corriente como porcentaje del PIB pasó de 1.2% en 2012 a 1.9% en 2014 y 2.9% en los primeros tres trimestres de 2015. Si bien este nivel no es exageradamente alto, lo verdaderamente importante no es si es alto o bajo, sino si es financiable o no, y, sobre todo si lo es sanamente o no, entendiéndose como financiamiento sano el que proviene de los ingresos de la inversión directa extranjera.

De acuerdo a las estadísticas disponibles al tercer trimestre de 2015, sólo algo más del 60% del déficit en la cuenta corriente de dicho periodo fue financiado a través de la Inversión Directa Extranjera, mientras que el resto fue solventado por fuentes poco estables como los excedentes de la cuentas financiera; los errores y omisiones y, sobre todo, por la des acumulación de reservas internacionales. Si se tiene en cuenta que en 2010 la inversión directa financiaba en más de cinco veces el déficit en cuenta corriente, obviamente los niveles actuales tienen que resultar preocupantes. Es más, la inversión directa del último año se ubicó en el mismo nivel promedio de los últimos quince años, por lo que puede inferirse que el problema del tipo de cambio es tanto de una creciente demanda de divisas, como de la incapacidad de incrementar la oferta “sana” de éstas.

Ahora bien, como se sabe, la cuenta corriente de la balanza de pagos es resultado de la agregación del balance del sector privado y del balance del sector público. En este sentido, se entiende que el nivel actual del déficit en cuenta corriente es producto del déficit de algunos de estos dos agentes internos o de los dos. Durante los tres primeros trimestres del 2015 el déficit fiscal, medido por los requerimientos financieros del sector publico ascendió a 4.4% del PIB, por lo que se puede inferir que el sector privado registró un de 1.5% del PIB. Vale decir, que el deterioro de la cuenta corriente de la balanza de pagos es producto exclusivamente del déficit fiscal.

En la medida en que el déficit fiscal siga aumentando, céteris páribus, también lo seguirá haciendo el déficit en la cuenta corriente, poniendo así en riesgo al tipo de cambio y con ello al resto de variables económicas.

Un comentario adicional, si bien es cierto que ahora México se beneficia de la caída de los precios internacionales del petróleo debido a que ha cambiado su posición comercial de exportador neto a importador, también se ve perjudicado porque la balanza petrolera ha pasado de aportar divisas a la economía para usos diversos a insumirlos, lo cual obviamente se ve reflejado en el deterioro de la cuenta corriente.

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