Opinión

¿Tienen posibilidades de éxito las leyes de Energía?

El paquete de 21 leyes afectadas (8 nuevas leyes) que mandó el Ejecutivo al Congreso el pasado 30 de abril, constituyen la reglamentación del cambio a los artículos 27 y 28 de la Constitución Mexicana publicado el pasado 20 de diciembre del 2013.

La pregunta obligada al conocer este vasto cuerpo regulatorio es ¿Qué tan factible es que pueda tener éxito? ¿Se podrán crear mercados competitivos en el sector de energía? ¿Podrá incrementar efectivamente nuestros recursos energéticos ante la demanda creciente? ¿Podrá evitar que nos convirtamos en importadores y nos transforme en exportadores de energía? ¿Podrá generar una reducción en los precios de los recursos energéticos? ¿Se cuidará una explotación racional y sustentable de nuestros recursos energéticos, que dañe lo menos posible la ecología? ¿Realmente generará inversión y empleo? ¿En cuanto tiempo podremos ver sus resultados?

Un primer termómetro objetivo del grado de aceptación de la reforma se tiene en los mercados financieros. La Bolsa mexicana acumuló una ganancia de 769.5 unidades en la semana pasada, equivalentes a un alza del 1.91 por ciento, lo que es una reacción positiva, pero una Bolsa emergente equivalente como la brasileña obtuvo un rendimiento del 3.08 por ciento en el mismo lapso, sin ningún anuncio espectacular.

No deja de ser significativo que la Bolsa mexicana subiera a pesar de la conclusión de los malos reportes de las empresas al primer trimestre, y a pesar de que la FED continuara con el desmantelamiento de sus programas monetarios.

¿Por qué esta reacción tímida del mercado accionario? A continuación enunciamos diversos aspectos que seguramente pueden explicar el porqué no tenemos una reacción más optimista en los mercados financieros:

1. La gradualidad de la implementación. El reto es formidable, enorme y complejo. ¿Debemos de hacer esta transformación de una manera gradual? O ¿Debemos meter el acelerador?

2. La cantidad y la complejidad de los organismos reguladores. Estaremos contando con 9 dependencias entre Secretarías de estado y nuevos órganos reguladores en este sector. Con todo este aparato burocrático y el esquema regulatorio que implica costos excesivos: ¿Quedará la suficiente rentabilidad para que siga siendo atractivo invertir en México en este sector?

3. La gradualidad excesiva en la descarga fiscal en Pemex y CFE. Aún cuando se reconoce que el gobierno mexicano debe dejar de meter las manos en la administración de sus organismos operadores, se tiene como meta que la carga fiscal de Pemex baje del 79 por ciento al 65 por ciento en el 2026, y que la CFE deje de tributar con base a un 8 por ciento sobre el valor de sus activos y pague en un esquema tributario similar al de cualquier empresa. ¿Por qué no hacerlo más rápido?

4. La equidad fiscal de los competidores y participantes. Si las empresas participantes del sector privado tienen que tener el mismo esquema fiscal que las operadoras del Estado, ¿Cómo se va a poder atraer inversión en estos primeros años?

5. Pemex y CFE no entrarán a la Bolsa de Valores. La decisión de mantener las empresas operadoras del Estado fuera de Bolsa al convertirlas en “Empresas productivas del Estado” implica nulo acceso a capital y menor transparencia.

6. Deficiente preparación del factor humano. Es una realidad, fueron tantos los años en los que no se invirtió adecuadamente en investigación y en desarrollo tecnológico en el sector, que tenemos un déficit enorme en ingenieros petroleros y geólogos, o en especialistas de las ciencias de la tierra y del mar. Para poder avanzar a la velocidad requerida en la transformación de este sector.

7. Las resistencias. Es un hecho que vamos a seguir viendo protestas de la izquierda radical y muy probablemente de los sindicatos a estos cambios. Si en la reforma educativa hemos visto la tibieza en la aplicación de las leyes en la que todos los partidos estuvieron de acuerdo, ¿qué podemos esperar con las reacciones de una parte de la sociedad a esta reforma?

*Director de Estrategia


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