Opinión

"The Witch", el gran debut del año

1
 

 

The witch: el gran debut del año.

La oscuridad llega pronto en The Witch, obra maestra del novel director Robert Eggers. Una familia inglesa, que emigró a la Nueva Inglaterra del siglo XVII, sale de su comunidad a bordo de una carreta. William (Ralph Ineson), el patriarca, lleva a Kate (Kate Dickie), su esposa, y sus cinco hijos rumbo a un claro, a orillas de un bosque denso y ominoso, donde intentan empezar de nuevo. Al final del trayecto, la cámara observa el azul del horizonte, casi oculto entre nubes. A partir de esa toma, la exquisita fotografía de Jarin Blaschke se aferra a una grisura nebulosa en exteriores y al ámbar frío de las velas donde la familia vive.

Una mañana, Thomasin (Anya Taylor-Joy), la primogénita, juega con Samuel, su hermano recién nacido. El bebé desaparece súbitamente, y Eggers no duda en mostrarnos su paradero: la cabaña en la que habita una anciana, quien parece usar al niño para un ritual macabro. Los miembros de la familia –puritana y religiosa a ultranza– buscan al culpable, dentro y fuera del hogar. La época implica que ninguna posibilidad, por más fantástica que suene, queda descartada. Quizás Thomasin se ha entregado a la brujería. Quizás es un castigo divino. Quizás el culpable es Black Phillip, una cabra negra y loca.

Eggers tiene la astucia de establecer una relación desigual entre los personajes y el espectador. Desde que se revela el destino de Samuel sabemos lo que la familia desconoce. De ese modo, el director nos permite observar con libertad el frenesí religioso, a sabiendas de que el culpable no es Dios, Thomasin o la cabra. Pocos personajes de una película de horror han estado peor armados para enfrentar su particular problema.

"The Witch"
Año: 2015
Director: Robert Eggers
País: Estados Unidos
Productores: Jay Van Hoy, Jodi Redmond, Danielñ Bekerman, Las Knudsen, Rodrigo Teixeira
Duración: 90 mins.
Cines: Cinépolis Interlomas 3D,
15:15, 17:35, 1940 y 21:45 horas

La ignorancia primitiva de William, Kate y sus hijos juega un papel esencial, pero Eggers tampoco cae en la trampa de ridiculizar su religiosidad, o bien, de entregarnos todas las claves que ellos no poseen. Parte del encanto de The Witch está en que nada se explica, aprende o investiga. No hay un momento en el que William vaya al pueblo a aprender sobre brujería y, ¡eureka!, descubra quién los acecha y cómo acabar con esa presencia. Esta falta de información le permite a Eggers mantener el suspenso –la sensación de desamparo- y abordar con frescura las convenciones del horror, los cuentos de hadas, los mitos y leyendas populares, como si la audiencia, al igual que los personajes, jamás hubiera visto algo similar. Cabras que podrían encarnar al diablo, espíritus malvados que habitan entre los árboles y hasta escobas voladoras, todo esto cabe en la ópera prima de Eggers, y todo se siente nuevo o, al menos, renovado.

El elenco es impecable, desde Ineson, cuyo rostro parece haber emergido de una pintura de El Greco, hasta los chicos, desde el frágil Caleb (Harvey Scrimshaw) a los exasperantes gemelos Jonas (Lucas Dawson) y Mercy (Ellie Grainger). Taylor-Joy se roba la película con una interpretación que abre la historia y luego la manda a negros, acabando en un extremo diametralmente opuesto a donde inició. Se lea como una denuncia contra el fanatismo religioso, una fábula de empoderamiento femenino o un simple cuento de horror, The Witch es extraordinaria: uno de los grandes debuts de este o cualquier otro año.

Twitter: @dkrauze156

También te puede interesar:
"High-rise", ¡ahí viene la revolución!
"Captain America" y sus víctimas colaterales
"Los muertos", el 'mirrey' es una caricatura

placeholder