Opinión

'The Autopsy of Jane Doe', horror vertical

 
1
 

 

The Autopsy of Jane Doe.

Más que ningún otro género, salvo posiblemente el wéstern, el horror se beneficia de la simpleza. Las premisas enredadas y las largas explicaciones sobre el origen y objetivo de sus villanos (sean cuales sean) tienden a empantanar el desarrollo, restándole fuerza. Lo contrario –la verticalidad– resulta en muchas de sus mejores exponentes. Alien, por ejemplo, no necesita detallarnos de dónde viene el bicho o cuál es su propósito: le basta mostrar algunos detalles espeluznantes (su sangre está compuesta de ácido) antes de liberarlo y registrar el caos que desata. El horror es mejor sin grasa.

The Autopsy of Jane Doe, dirigida por el noruego André Øvredal, forma parte de esa tradición. La mención a Alien no es caprichosa: ambas comparten un elemento claustrofóbico, resultado de contener a su respectivo monstruo en un espacio del que los protagonistas no pueden huir.

En la obra maestra de Ridley Scott ese espacio era una nave intergaláctica. En esta se trata de una morgue, en la que trabajan Tommy (Brian Cox) y su hijo Austin (Emile Hirsch), quien heredará el negocio. Una noche, el sheriff del pueblo les hace una entrega de última hora: el cadáver no identificado de una joven, que la policía desenterró en el sótano de una casa donde acaba de ocurrir un asesinato múltiple.

Lo que empieza como un envolvente misterio –¿cómo explicar que el cuerpo esté tan bien preservado?, ¿de qué murió?– no tarda en enfilarse hacia el horror, conforme descubrimos que el cadáver no permitirá que los forenses descubran sus secretos. No hay mayores preámbulos, ni tangentes. A The Autopsy of Jane Doe no le sobra ni uno de sus 86 minutos.

Para que funcione una película de esta naturaleza es esencial que el espacio mismo en el que ocurre sea una presencia inhóspita. De pasillos angostos, superficies de metal oscuro, rincones humeantes y húmedos, el Nostromo era un laberinto flotante más que una nave: justo la clase de sitio donde no nos gustaría quedarnos encerrados, con o sin la compañía de un alienígena asesino. Aunque en The Autopsy of Jane Doe el diseñador de producción Matt Gant cuente con dimensiones más reducidas, su trabajo es también acertado. La morgue donde se lleva a cabo el grueso de la historia es un horrible sótano de aspecto setentero, con paneles de madera laqueada, al que el dúo de forenses sólo puede acceder a través de un elevador (que sólo arranca cuando se le pega la gana). Más que apretados nos sentimos abandonados, tanto por la tecnología como por el mundo exterior. La tensión deriva no sólo del cuerpo de la mujer, sino del lugar en el que irrumpe.

Pesimista como muchas de las más logradas películas de horror, The Autopsy of Jane Doe no se esmera en innovar, pero sí demuestra que es posible volver a utilizar elementos convencionales para crear una obra eficaz.

Twitter: @dkrauze156

También te puede interesar:
'Louis C.K. 2017', la comedia reflexiva
Paterson, retrato de un artista entrañable
'The Founder', las hamburguesas están envenenadas