Opinión

Terapia de 'shopping'

 
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Liverpool

El viernes pasado publicamos en este espacio un texto titulado “Yo estoy bien, el país no”, que produjo comentarios diversos y algunas mentadas.

No es inusual. Cada vez que subrayamos que hay evidencias de que el consumo está creciendo fuertemente, llegan diversos mensajes diciendo que seguramente vivimos en Marte, que no nos damos cuenta de que la crisis está en las calles y que la economía está hecha un desastre como nunca antes.

Lo inusual es que haya mensajes en el sentido opuesto… o artículos de la revista más influyente del mundo que apuntan lo mismo. En la edición de The Economist que circula esta semana hay un texto denominado “Shopping therapy”, que refiere lo que aquí le he comentado con insistencia.

Hay evidencia de que el mercado interno mexicano está creciendo con fuerza pese a que el malestar político se mantenga vivo.

El contraste que señalamos el viernes, aquí aparece claramente reflejado en una gráfica titulada “I’m all right, Juan”, que contrasta la percepción de los consumidores respecto a su situación personal, mucho más optimista; y la que tienen del país, mucho más pesimista.

Otra visión interesante me fue enviada por un lector.

Le comparto alguna de las reflexiones de Octavio Fitch Lazo (los textos en negras son míos).

“Bajo la democracia, para los comentaristas y opinadores, se ha convertido en anatema reconocer los avances y lo positivo, porque eso implicaría ‘dejar de ser críticos’ –el paradigma es ‘criticar’–. Así que sólo ponen énfasis en las fallas. Muy difícil que un comunicador, en la prensa, la radio o la TV, hable sobre lo positivo. Y para los políticos, bajo la democracia, eso también se ha vuelto costumbre, porque señalar las fallas se ha convertido en la única forma de ganar votos y acceder al poder. Imposible que la oposición y sus simpatizantes (60 por ciento de la población, con cualquier partido que acceda al poder), digan que el país va bien y mencionen los avances. Así, ¿cómo ganarían el poder?

“Cuestión de hábitos y paradigmas. Estamos muy verdes en democracia, y si antes debimos aprender a criticar, ahora el reto es aprender a ver con equilibrio. Los comentaristas, aprender que reconocer lo positivo del país y nuestros avances no significa ser sumisos ante los políticos, ni claudicar sobre lo que falta. Los políticos, aprender a buscar el voto más con propuestas, y menos con la venta exagerada del (inexistente) Apocalipsis.” Hasta aquí la cita.

Una parte sustancial de la responsabilidad de este sesgo corresponde al gobierno mismo.

Persiste en muchos ámbitos del sector público el afán propagandístico. Es decir, la búsqueda de magnificar lo bueno y minimizar, y si se puede, ocultar lo malo.

Los ciudadanos, a estas alturas del siglo XXI, tenemos la capacidad de ponderar y nos damos cuenta del sesgo. Así, muchos que reaccionan con enojo desacreditan también las voces que le dicen que hay cosas buenas.

Entonces viene de amplios sectores, el sesgo contrario, que magnifica lo malo y minimiza –o también esconde– lo bueno.

Para regresar a una visión equilibrada, el gobierno debe hacer a un lado la propaganda y en la sociedad debemos hacer a un lado las reacciones emocionales y ver las cosas como son.

¿Podremos hacerlo? Por el futuro de nuestro país, más nos vale.

Twitter: @E_Q_

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