Opinión

Tenencia e incertidumbre jurídica de la tierra

Uno de los retos más complejos que la reforma energética deberá resolver en las próximas semanas es el de la certidumbre jurídica de tierras ejidales, comunales y de pequeños productores agrícolas, en cuyo subsuelo yacen miles de millones de dólares en energéticos.

El Senado prepara una iniciativa que debería resolver el complejo entramado de leyes y tipos de propiedad que existen en México. Urge encontrar una solución que le dé certidumbre a los inversionistas y al mismo tiempo respete los derechos y la voluntad de los dueños, y que estos últimos gocen de la renta y utilidades que traerá la explotación del subsuelo de sus tierras.

México no es el único país que ha tenido que encontrar soluciones de este tipo. En Canadá, el derecho de las tribus originarias (first nations) a la explotación de sus tierras es un tema que ha tenido que resolverse por la Suprema Corte de Justicia. La última resolución de la Corte, hace dos semanas, falló a favor de la tribu de Columbia Británica, una población de 3 mil 500 personas, con derechos sobre más de 170 mil hectáreas. En Canadá, pues, es muy común leer de negociaciones entre tribus y compañías (mineras, de petróleo o de gas) que toman meses hasta llegar a un acuerdo en el que ambas partes (empresa y comunidad) tienen derechos y obligaciones en el negocio.

En nuestro país ocurre lo contrario. La incertidumbre jurídica de la tenencia de la tierra se presta a la corrupción, extorsión y abuso por parte de autoridades, empresas y comunidades. Pierde la inversión, pierde la competitividad, pierde el bienestar y pierde México. Lo hemos visto en proyectos de infraestructura o de energía, incluso en proyectos sustentables, como energía eólica que han fracasado en el Istmo de Tehuantepec, secuestrados por “líderes sociales” (extorsionadores profesionales). Líderes que atropellan la voluntad de la mayoría de un ejido, y no respetan el voto de sus miembros cuando éste no les favorece. La reforma por concluir también debe acabar con los privilegios de estos poderes fácticos locales.