Opinión

¿Tendremos nuestra ‘Pascua económica’?

Hoy comienza la llamada “Semana de Pascua”, tras la Semana Santa en la tradición cristiana. Es la semana posterior a la resurrección, por lo que está siempre en un tono de buenas noticias y buenos augurios.

Aun en otras tradiciones religiosas hay fiestas de Pascua, usualmente asociadas al comienzo de la primavera, es decir, una época en la que termina el ciclo invernal y la naturaleza vuelve a florecer. Es el tiempo de las oportunidades de renacer.

En la economía mexicana, vaya que tuvimos un inverno muy frío y largo, tanto que viene desde los tiempos otoñales.

Si las previsiones de Actinver resultan correctas y el crecimiento del PIB en el primer trimestre es de 1.7 por ciento, habremos tenido un semestre completo en el que el ritmo de la economía fue de sólo 1.2 por ciento. Frío, frío.

¿Hay bases para pensar que tendremos un nuevo clima en la economía durante los próximos meses?

Todo depende de qué tan exigentes seamos. Si nuevo clima implica crecer a tasas de 4 o 5 por ciento, me temo que habrá que esperar la Pascua… pero de 2015, si bien va.

Pero si a lo que por lo pronto aspiramos es meramente a sentir el movimiento de la economía, con un crecimiento de 2 a 3 por ciento, que, con todo, va a duplicar lo que vivimos en los últimos seis meses, entonces creo que sí podemos celebrar las Pascuas.

De hecho, los datos del empleo formal de marzo ofrecen ya buenos augurios, sobre todo en las manufacturas. Su ritmo de crecimiento contra el mismo mes de 2013 es de 4 por ciento.

Pero, como el clima atmosférico, el económico tampoco es parejo.

Como la industria manufacturera está más atada a la economía de Estados Unidos, a las exportaciones y al sector moderno del país, entonces, la recuperación norteamericana, que allí va, la va a jalar.

Lo que va a tardar en llegar todavía un tiempo es el gasto interno. Quizás tengamos que esperar en este caso al verano para sentir que la economía doméstica también camina.

Poco a poco la gente tendrá que percibir que las perspectivas son mejores y que puede hacer uso nuevamente de su tarjeta de crédito porque no está en riesgo de perder su trabajo.

Igualmente, el crecimiento del empleo formal y el del gasto público efectivamente desembolsado va a poner finalmente el combustible que requiere para que las ruedas de la locomotora económica empiecen a rodar.

Claro que las cosas van a ir mejor si en el camino no nos enredamos con un atorón de las leyes secundarias en materia de energía o si no se retrasa la reforma en las telecomunicaciones.

Que aterricen esas reformas es muy importante para hacer renacer de nueva cuenta la confianza en la capacidad del gobierno y de la clase política para darle continuidad al cambio que empezó en el país desde 2012.

Tanto como los mejores indicadores en la economía se requieren indicios de que la clase política puede volver a crear el clima que permitió el surgimiento del Pacto y que es factible revertir su vocación de dirimir sus diferencias a través de las luchas en el lodo, o de que pueden posponer la búsqueda desesperada del interés partidista o incluso personal, por perseguir el interés del país.

En ese caso: ¡felices Pascuas!

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