Opinión

¿Teme el gobierno a las buenas noticias?

 
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Quintana

Hasta ahora, las cuatro licitaciones de la Ronda 1 de la reforma energética en materia de hidrocarburos, así como la primera de la Ronda 2, conducen a una oferta de inversión del orden de 49 mil 500 millones de dólares.

Faltan todavía dos licitaciones de la Ronda 2, que son más pequeñas, pero podríamos pensar que al término de las subastas previstas para este sexenio se comprometan inversiones por poco más de 50 mil millones de dólares.

En contraste, ayer supimos que Ford decidió que la producción de su modelo Focus no se haría en México sino en China, y eso pareciera indicar que México no es tan atractivo para invertir.

No es el caso en la mayoría de empresas y sectores. En particular en la industria de los hidrocarburos, electricidad o aun en la industria del automóvil, México se ha convertido en uno de los destinos más atractivos del mundo.

Hay empresas de muy diversos orígenes y condiciones que están viendo en el país una tierra de oportunidades.

Por eso el éxito de la reforma en materia de hidrocarburos, si se mide por las inversiones comprometidas.

Sin embargo, percibo en el gobierno una actitud ambigua.

Por una parte, ponderan el resultado sumamente exitoso de la reforma en materia de hidrocarburos. Pero, al mismo tiempo, no quiere plantear que tenemos una estructura institucional suficientemente robusta para garantizar las inversiones, independientemente del resultado electoral de 2018.

No quieren decir que, aunque gane López Obrador, las inversiones estarán seguras.

Más bien quieren subrayar los altos riesgos que tendrían en caso de que ganara Morena.

Pero al mismo tiempo, no quieren inhibir proyectos que se realizarían en los próximos 10 o 20 años. Por eso la ambigüedad.

Ignoro si la valoración que ha hecho el PRI es que en el Estado de México ganó el voto del miedo. Es decir, el miedo a lo que implicaría AMLO como gobernante, aunque hubiera llegado en la figura de Delfina Gómez.

Aun si hubiera sido así, esa estrategia no va a funcionar a escala nacional.

El gobierno quiere convencer a los inversionistas de las garantías que tienen.

Pero, un discurso basado en el miedo a lo que podría venir después, puede ser un balazo en el pie y generar un 2018 de desastres que traiga consigo una circunstancia económica tan mala, al punto de crear condiciones para el crecimiento de AMLO.

En este dilema, mi opinión es que se debe privilegiar la búsqueda de la confianza por encima del miedo.

Aun si lo que se quiere es subrayar el riesgo de que una fuerza política como la que encabeza AMLO pueda poner en riesgo la continuidad de las reformas, me parece que hay que privilegiar la evaluación de todas las cosas positivas que los proyectos que la reforma traería consigo, en caso de que siguieran.

Ricardo Hausmann, economista venezolano, director del Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard, es uno de los hombres que más conoce del populismo. Dice que criticar y denostar a los populistas conduce a una batalla perdida con ellos.

La clave es ofrecer soluciones reales y viables a los problemas que los populistas identifican.

Y las apuestas que hacen las empresas nacionales y foráneas por México, son precisamente una de las palancas para combatir la pobreza y desigualdad, que aquejan desde hace años a nuestro país.

Atraer esas inversiones es una de las estrategias.

Twitter: @E_Q_

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