Opinión

Tecnología y microfinanzas: introducción, adaptación y uso en zonas rurales

 
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Cajero automático (Braulio Tenorio)

La falta de proximidad de servicios financieros y la baja cobertura de sucursales físicas sigue siendo una barrera para la inclusión financiera, sobre todo en mujeres rurales. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera 2015, dentro de las mujeres que deciden no tener una cuenta en alguna institución financiera formal, el 2% señaló como principal motivo, que las sucursales se encuentran lejos. Aunque esta barrera es más significativa cuando se compara con los hombres, es decir, cuando el motivo para no tener una cuenta de ahorro es la lejanía, el 92% de las respuestas son de mujeres, contra un 8% de hombres.

En estos casos, una respuesta es el cambio tecnológico, el cual, inequívocamente permite a las empresas y negocios ser más eficiente con los recursos disponibles. Es así como las microfinanzas han logrado penetrar en mercados rurales remotos y en condiciones de pobreza, ya sea mediante la introducción de corresponsales bancarios, el uso de tarjetas de débito, la instalación de terminales punto de venta o cajeros automáticos en zonas rurales o bien, habilitando la realización de operaciones financieras vía teléfono celular, con la ventaja de tener menores costos, tanto para las instituciones financieras como para los usuarios que dejan de trasladarse grandes distancias para llevar a cabo sus operaciones financieras.

Conforme las zonas rurales de México cuenten con mayor conectividad vía Internet y un mayor número de establecimientos rurales incursionen en la aceptación de medios de pago y transferencia electrónicos, crecerá el ecosistema microfinanciero y con ello, la capacidad para proveer servicios financieros de forma oportuna y eficaz a más población rural de bajos ingresos.

A pesar de lo anterior, introducir la tecnología en el medio rural sin otros factores que faciliten o favorezcan su adopción y utilización puede llevar al rechazo de la población y a perder la inversión que las instituciones realizan para introducir la tecnología. Dentro de los factores que inciden en una mejor adopción tecnológica para el acceso y uso de servicios financieros están el diseño y adaptación de productos financieros, las metodologías de trabajo con población rural, la educación financiera y la difusión muy clara del funcionamiento de la tecnología, ya que quizá el factor más relevante es la confianza de los usuarios.

En este sentido la introducción de tecnología para reducir costos y ampliar cobertura de servicios financieros en el medio rural es condición necesaria, mas no suficiente para el uso de servicios y por ello, muchos intentos gubernamentales para bancarizar en forma masiva a los beneficiarios de programas sociales no ha representado un repunte significativo de las estadísticas de inclusión financiera nacionales y esto se debe a que la tarjeta se convierte en un simple medio para obtener la transferencia de efectivo, más no se han convertido en medio de pago, ahorro o inversión.

Lo cierto también es que México tiene un gran camino por recorrer en esta materia, por ejemplo, en Kenya, 12.2 millones de personas, que equivalen al 67% de la población adulta, realizan operaciones financieras a través de su celular principalmente envío y recepción de dinero, aunque también pueden realizar consultas de saldo, depósitos, entre otras, mientras que en México, la población que utiliza banca móvil es de 3.2 millones de personas adultas o sea el 3.6% de este segmento de población.

Asimismo, hace falta invertir en investigación y evaluaciones de impacto en la materia, a fin de ampliar y precisar cómo la tecnología puede ayudar a resolver problemas y necesidades financieras de la población con menores ingresos y que vive en lugares apartados.

En México, existen programas como PATMIR (Programa de Asistencia Técnica al Microfinanciamiento Rural) que han impulsado la introducción de tecnología en intermediarios financieros rurales para un mayor acceso y uso de servicios financieros, no sin estar acompañados de los factores antes señalados, lo cual, a priori es un signo positivo, pero si queremos avanzar y crecer en inclusión financiera de la población de mayor pobreza y marginación para detonar su desarrollo social y económico, es prioritario que empecemos a poner los reflectores en aquéllos temas de tecnología que son una forma para masificar la inclusión financiera, no sin antes hacer un esfuerzo de investigación y desarrollo que conduzca a inversiones atinadas y sobre todo, al diseño de programas públicos que se dirijan a apoyar inversiones en tecnología para microfinanzas.

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