Opinión

Tasas de interés de la microfinanza: nuevas fábricas de pobreza

El pasado mes de septiembre se llevó a cabo la 17ª Cumbre Mundial de Microcrédito en Mérida, Yucatán. Este evento es de suma importancia, no sólo porque asiste la crème de la crème en microfinanzas, sino porque se genera un espacio de conocimiento y debate entre las principales instituciones de microfinanzas, financistas, académicos, periodistas, estudiosos e interesados de las microfinanzas a nivel mundial. En este encuentro se dan a conocer las tendencias, los problemas y los desafíos de la microfinanza a nivel mundial.

Uno de los páneles que más controversia provocó fue el de transparencia en costos y tasas de interés que tuvo como caso central el de las Microfinanzas de México. La organización no gubernamental para la transparencia en microfinanzas (www.mftransparency.org) proporcionó información que mostró las tasas de interés abusivas, la opacidad de los costos no mostrados y desmontó el argumento de que el microcrédito es caro de administrar y de cobrar, pues mostró utilidades fabulosas en donde Bancos Compartamos cobra tasas de interés de 120% y genera utilidades por un millón de dólares diarios!!!! Sin ser el único caso, por ejemplo, Banco Azteca tiene tasas de alrededor de 88% o Crédito Familiar con tasas de 143%, convirtiéndose en auténticas fábricas de pobreza en las zonas donde operan.

El escándalo ha surgido en otras latitudes, toda vez que desde abril de 2012, la revista Forbes calificó al Presidente de Banco Azteca como “un tiburón del crédito” (loan shark) al estar generando fortunas inconmensurables con microcrédito a los pobres.(http://www.forbes.com/forbes/2012/0507/global-2000-12-americas-grupo-elektra-ricardo-salinas-pliego-mexico-credit-card.html). Bajo el argumento de que no hay crédito más caro que el que no está disponible, los funcionarios públicos de Condusef que contribuyeron al artículo de la revista Forbes en 2012, coloquialmente se cruzaron de brazos, como si éste fuera el inexorable destino de las microfinanzas.

A pesar de que a CONDUSEF se le han asignado funciones de protección al cliente, sigue siendo tímido frente al abuso en tasas de interés. En México, existe una clara permisividad en el tema de tasas de interés y en las utilidades estratostéricas de los bancos. Nadie se atreve a tocar el asunto y menos a pensar en regular.

Frente a situaciones como esta, se debe poner el dedo en la yaga y apelar a la intervención de la autoridad, ya que definitivamente la usura que se está formalizando no puede ser atribuida a la “interacción de la oferta y la demanda”, pero más aún, la economía mexicana no ha crecido más de 2.5% en los últimos años y los pequeños comerciantes, maestros, taxistas, que son generalmente el perfil de cliente del microcrédito, no generan rendimientos tales que les permitan pagar esas tasas de crédito, mucho menos un productor del campo.

Estas nuevas prácticas bancarias son avezadas en conformar grupos solidarios que no van encaminados a construir capital social, sino a garantizar la recuperación de la cartera. Así, los grupos solidarios son conformados con avasalladora mercadotecnia y abrumadora autorización inmediata de créditos sin comprobar ingresos y se autorizan cantidades deslumbrantes de manera que los pobres quedan inermes frente a la avalancha. La situación se torna tan desesperante, que incluso testimonios relatan que no tuvieron opción de rechazar el crédito, habiendo utilizado sólo una mínima parte del dinero y el resto se guarda en la casa para ir pagando las amortizaciones.

Afortunadamente, éste no es el destino de las microfinanzas y existen opciones financieras para los más pobres en las que pueden tener servicios de calidad, con una oferta de instituciones financieras de base social y comunitaria, que no sólo promueven el crédito, sino que impulsan estrategias de ahorro, microseguros y educación financiera, las cuales son opciones integrales y sobre todo, con ética financiera y misión social para cubrir una necesidad, lo cual además no se opone a la sostenibilidad de la propia institución.

Por ello, es urgente que autoridades como la Condusef y su cabeza de sector, regulen la transparencia de costos de la microfinanza, no como un mero formalismo, sino como herramienta de defensa del consumidor y como mecanismo para sancionar los abusos. Asimismo, es necesario reforzar las políticas y dejar de canalizar recursos públicos a tiburones del crédito como los señalados. En resumen, es necesario que la autoridad financiera intervenga en un mercado que ha perdido la ética financiera, y si los mercados no nacieron para la ética, entonces que tengan reglas.