Opinión

Tanhuato, más vale
verdades incómodas

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Enfrentamiento Tanhuato Michoacán (Cuartoscuro)

El gobierno federal tiene prácticamente lista una investigación sobre el trágico operativo del 6 de enero en Apatzingán. Los resultados de esa pesquisa podrían modificar la (todavía) versión oficial de esos hechos, aquella que ofreció el 12 de enero el entonces comisionado Alfredo Castillo diciendo que los presuntos delincuentes “pudieron ser blanco de sus propios compañeros”; sin embargo, ha trascendido que la indagatoria también desestima la tesis del reportaje de Laura Castellanos, que apunta a que ese día de Reyes policías federales y elementos del Ejército habrían ejecutado a varios de los fallecidos.

La nueva explicación iría en el tenor de que la mayoría de los ocho muertos falleció no por fuego cruzado, sino en enfrentamiento con la Policía Federal. Datos extraoficiales de esa investigación señalan que todas las personas fallecidas en la mañana, luego de que un convoy de presuntos comunitarios dio alcance a patrullas de la Policía Federal, salieron positivo en la prueba de radizonato de sodio. Por su parte, una docena de elementos de la PF también dio positivo a ese reactivo.

Pero entonces, ¿qué pasó en Apatzingán el 6 de enero? ¿Fue un enfrentamiento donde los atacantes tuvieron bajas y los atacados no? (¿Suena familiar?) ¿O fue sobre todo un ajusticiamiento? (¿Suena familiar?), como sostiene la periodista Castellanos, que ayer abundó sobre el tema en Aristegui Noticias, y quien por cierto dice que hubo más muertos.

Para contestar a esas preguntas el gobierno federal, e incluso la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, han tenido que remar a contracorriente. Pues al igual que con el caso Tlatlaya, ha sido un reportaje, en este caso el de Castellanos publicado hace un mes, el que despertó de su letargo a las instituciones. Con tan graves señalamientos encima, a la administración Peña Nieto y a la CNDH no les quedó de otra que retomar el caso Apatzingán, al que (por decir lo menos) no le habían dado la importancia debida.

Estos errores, este patrón de no informar a plenitud sobre eventos como Tlatlaya y Apatzingán, le han salido muy caros al gobierno. Su credibilidad se ha ido a mínimos dado que investigaciones periodísticas han obligado a la administración Peña Nieto a retomar las pesquisas (lo que incluye corregir apresuradas versiones iniciales) y a comprometerse a informar al respecto.

Con lo anterior a cuestas, el equipo de Peña Nieto enfrenta un nuevo reto, uno mayúsculo. La opinión pública no admitirá una versión que no convenza sobre los hechos de Tanhuato y su disparatada desproporción entre el número de víctimas del lado de los presuntos delincuentes, 42, y del lado de las fuerzas federales, uno.

La pregunta es si el equipo de Peña Nieto ha aprendido la dura lección sobre lo que ocurre cuando no entrega a la ciudadanía investigaciones creíbles.

Porque hay muchas, demasiadas, interrogantes sobre lo acontecido en el rancho El Sol, en Michoacán, el viernes pasado. Y aunque por las condiciones del lugar en que se dieron los hechos es poco probable que haya muchos testigos, si las autoridades se apresuran en sus conclusiones, o deciden ocultar verdades incómodas, pagarán de nueva cuenta cuando queden exhibidos.

Desgraciadamente no comenzaron de la mejor manera. El gobierno que antes ha destacado que exitosas capturas de capos se realizaron sin un solo disparo, hoy no puede obviar la descomunal diferencia entre las bajas. Lo menos que debe hacer es, con todas sus letras, prometer una investigación sobre cómo se dieron los hechos. Cosa que no hizo el viernes.

Si de nuevo intentan evitar verdades incómodas, de nuevo serán desnudados por la prensa.

Twitter: @SalCamarena

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