Opinión

'Tangerine', cine independiente de primer nivel

 
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Tangerine.

Cómo olvidar el Nueva York de Do the Right Thing, una ciudad que hierve, saturada de color, sexo, odio, sudor y música. Si bien Tangerine, de Sean Baker, no es temáticamente similar (aunque ambas culminan en una batalla multiétnica dentro de un restaurante de comida rápida), su atmósfera vibrante, luminosa y musical me remitió a la obra maestra de Spike Lee. No recuerdo un retrato más llamativo de Los Ángeles que el de Tangerine, la historia de dos amigas transexuales, Sin-Dee Rella (Kitana Kiki Rodriguez) y Alexandra (Mya Taylor), quienes van en busca de Chester (James Ransone), el novio infiel de una de ellas, durante un 24 de diciembre.

En manos de un director menos compasivo, el submundo por el que se desplazan Sin-Dee y Alexandra resultaría sórdido: moteles llenos de prostitutas y sus obesos clientes, taxistas en busca de transexuales a plena luz del día, autolavados donde se canjean favores sexuales. El enorme mérito de Baker está en registrar la precariedad de quienes transitan por esa misma sin caer en alarmismos o condenas.

El trabajo de Razmik (Karren Karagulian), un taxista enamorado de Sin-Dee, y la colección de pasajeros impertinentes, tristes o idiotas que se suben a su taxi, no le pide nada en incomodidad al trajín de Robert De Niro en Taxi Driver. No obstante, donde Scorsese halló una veta de furia y demencia, Baker da con un hombre entrañable a quien las prostitutas saludan con afecto. Tangerine brilla cuando imprime estos cambios de tono. Constantemente, secuencias sombrías mudan en instantes tiernos. Baker es un escritor impredecible, y eso le brinda a su obra un carácter volátil y magnético. Nunca sabemos qué va a pasar.

Tangerine
Año: 2015
Director: Sean S. Baker
País: Estados Unidos
Productores: Sean S. Baker, Karrie y Marcus Cox, Darren Dean y Shih-Ching Tsou Duración: 88 mins

Esos cambios también están presentes en el ritmo y la textura de la película. Cuando Sin-Dee y Alexandra están en movimiento, Tangerine es un dechado de vigor: una cartografía enérgica de Los Ángeles, sus edificios chatos, sus cuadras larguísimas y sus habitantes varados en el asfalto de sus esquinas yermas. A puertas cerradas obtenemos una mirada íntima a una amistad. Basta comparar el inicio –propulsivo, ruidoso y veloz como el despegue de un cohete– con la última toma: uno de los momentos silenciosos más dulces que he visto en mucho tiempo.

Mención aparte merecen las actuaciones que Baker consigue de sus actrices primerizas, Rodriguez y Taylor, quienes deberían haber estado incluidas entre los nominados al más reciente Óscar. En particular, Taylor está soberbia. Alexandra es el centro melancólico de Tangerine, una cantante que debe pagarle a un cadenero para que la deje cantar en su baresucho, testigo resignado de la locura que la rodea durante esa Nochebuena y el contrapunto ideal para la divertida estridencia de Sin-Dee.

Siempre original y sorpresiva, Tangerine es una cinta independiente de primer nivel.

Twitter: @dkrauze156

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