Opinión

Tajamar, Fonatur
y el desastre

 
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Tajamar. (Cuartoscuro)

En mayo de 2007 el entonces presidente Felipe Calderón, durante un acto público en Cancún, hizo el primer despido de un funcionario federal de su administración. De mecha corta, cesó en caliente a Rafael Muñoz Berzunza, quien fungía como delegado de la Secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales.

Caderón había viajado a Cancún para la presentación del proyecto Malecón Cancún y para atestiguar la donación de tres mil 589 hectáreas ubicadas junto a la laguna de Nichupté, para destinarlas como Área Natural Protegida.

Ahí, explicó: “Parte de las razones por las cuales Cancún y otros destinos del mundo están sufriendo el embate cada vez más feroz de los huracanes ha sido, en cierta parte, repito, por la voracidad con la que hemos destruido su entorno natural y, entre otras cosas, el manglar”.

Continuó con su discurso y, de repente, al hablar de los manglares que rodean la laguna Nichupté, dejó de leer para improvisar: “Estoy viendo que aquí en lo de Malecón se llevaron algunos, ya vamos a hacer cuentas por ahí, a ver cómo fue lo que pasó. Por lo pronto, yo no sé quién haya sido, pero por lo pronto yo creo que vamos cambiando al delegado de Semarnat aquí en Cancún”. Y así, bajo la filosofía de primero jusílelo y después viriguan, lo corrió.

Sólo unas horas después, ese mismo día, el entonces titular de Semarnat, Juan Elvira Quesada, informó que Muñoz Berzunza había sido removido del cargo debido a que le habían detectado irregularidades, ya que había autorizado proyectos en materia de impacto ambiental contrarios a la opinión del municipio, del gobierno del estado de Quintana Roo y de la propia Secretaría.

Cinco meses después, el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur), como parte de la donación anunciada por Calderón, formalizó la entrega al municipio de Benito Juárez –donde se encuentra Cancún– de 107 hectáreas aledañas al Malecón Cancún, que estarían destinadas a la creación de un parque ecológico urbano municipal, que permitiría a los cancunenses realizar actividades familiares, culturales y sociales.

Miguel Gómez Mont, en ese tiempo director de Fonatur, le entregó el terreno al presidente municipal Francisco Alor Quesada.

Según afirmó Fonatur ese día, el parque “contará con zoológico, jardín botánico, un parque de conservación para la flora y la fauna local, y zonas de refugio para animales rescatados. Así también habrá una zona de equipamiento cultural para la promoción, fomento e impartición de estudios a través de instituciones de estudios superiores”. También aseguró que contaría con instalaciones recreativas como teatros al aire libre y varios museos: museo de la ciudad, museo de la cultura, museo del niño y una biblioteca central. “Destacarán en el parque sus zonas viales y de servicios públicos, calzadas, bahías de estacionamiento y andadores públicos”, aseguraba la dependencia. Un gran proyecto, sin duda.

Eso fue el 21 de septiembre de 2007. Han pasado más de ocho años y hasta el momento este parque no ha sido construido.

Y hoy, tras la desastrosa manera en que Fonatur, a cargo de Héctor Gómez Barraza, ha manejado el asunto del Malecón Tajamar, en Cancún, donde la dependencia que dirige acaba de desmontar 50 hectáreas de un jalón, utiliza como uno de sus argumentos a favor la historia de la vieja donación.

En un comunicado que emitió hace unos días para informar que en el caso de Tajamar ha actuado conforme a la normatividad y apegado a derecho, Fonatur, para demostrar que es una dependencia gubernamental preocupada por el cuidado de medio ambiente, sostiene: “Cabe destacar que Fonatur donó al municipio de Benito Juárez de Quintana Roo un predio con una superficie de 107 hectáreas colindantes con el actual desarrollo de Malecón Tajamar que, pudiendo ser comercializables, se transmitieron con uso de suelo de 'conservación ecológica' con el fin de desarrollar un parque ecológico urbano”.

¿“Pudiendo ser comercializables”? Vaya, ahora resulta que Fonatur es una dependencia generosa y los cancunenses deben agradecerle que no venda hasta el último metro de tierra que posee en esa ciudad que el propio Fondo construyó hace más de 40 años.

Lo de Tajamar es un asunto federal, de Fonatur, que ha tratado de dar explicaciones y hasta la propia Secretaría de Turismo, cuyo titular es Enrique de la Madrid, ya salió a dar la cara. Pero lo han hecho tan poco convincente, que alguien debería echarles la mano, u otro alguien debería tomar decisiones tan espectaculares como las de Calderón.

Correo: garmenta@elfinanciero.com.mx

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