Opinión

Susceptibilidad presidencial

24 noviembre 2017 5:0
 
 
 

 

EPN

Uno. El “Señor Presidente de la República” (como se decía, reverencialmente, hasta Salinas de Gortari), asiste a una reunión, en la que una organización civil, Causa en Común, basada en datos oficiales, pone el punto sobre la letra i en lo que toca a la violencia. Incontenible, desfachatada, feroz, llevando a todas luces las de ganar.

Dos. Peña Nieto responde a las cifras, las sustentadas críticas y un malicioso pesimismo (“difícil que pueda empeorar”), de manera abrupta. En ocasiones, apunta, se escuchan más las voces, procedentes de la sociedad civil, “que critica (sic), que hacen bullyng sobre el trabajo que hacen las instituciones del Estado Mexicano”.

Tres. No son tersas de suyo las relaciones del Primer Mandatario con el lenguaje, sus figuras, sus construcciones cognitivas. Le debemos lo de la “ira social”, lo de “No me despierto pensando cómo joder a México”, lo de corruptos somos todos. Pero lo del bullyng institucional se lleva la palma, desconcierta, y revela un malestar personal.

Cuatro. ¿Debido (en lo coyuntural), a las cifras, a las sustentadas críticas y al malicioso pesimismo del informe rendido por María Elena Morera, presidenta de Causa en Común?

Cinco. ¿A causa (en lo estructural), de los desastres, naturales y sociales que asolan al país por el PRI gobernado, empezando por el partido mismo?

Seis. Me temo una más raigal y corrosiva motivación.

Siete. Dada la popularidad en picada del presidente, mentís terrible al “Mexican moment” y al “Saving Mexico” de una prensa internacional la mar de despistada, nugatorias están resultando las multimillonarias cantidades gastadas en propaganda oficial, con su retintín, no me canso de repetirlo, de Culto a la Personalidad.

Ocho. El relato del timbre de orgullo sexenal, el del empleo, tal y como ha sido concebido por sus “creativos” publicitarios, invita al juego de “Complete la frase”. Soy tal, y gracias al trabajo conseguido, voy a casarme con mi prometida (pero quién sabe con qué suerte dada la brutal violencia de un feminicidio que no contiene ninguna autoridad, local, estatal o federal).

Nueve. O soy equis, y gracias al régimen que me ha distinguido con una chamba podré pagarle sus estudios a mi hijo (¿y la educación pública y gratuita, y ya en un plantel privado mi hijo, quién me asegura que un puente mal construido no se le vendrá encima a la hora del recreo, o que no lo asaltarán a la salida para despojarlo de sus Converse y sus gadgets?).

Diez. No, no se consiguió implantar la imagen de una Nación Feliz. Más bien ahondar el abismo entre los pocos que a cada minuto que marca el reloj poseen más, y los muchos que por segundos poseen menos.

Once. Por ejemplo, contados, con el carácter de elegidos, serán los que estrenen en 2018 el Awakening Hotel en la Riviera Maya, hotel boutique ecológico, a un costado de la Biosfera de la Reserva de Sian Ka’an, habitaciones en forma de capullo dotadas de terraza, jacuzzi, área de meditación y ventana en el techo para ensimismarse en el espectáculo de las estrellas.

Doce. Ocasión de comprobar que no son fantasía de photoshop las imágenes de “exteriores”, “interiores” y “detalles” del suntuoso libro Mexico style (Taschen 2005), o de cómo vive la nobleza republicana.

Trece. Masas en cambio, millones de millones, los compatriotas desposeídos o a punto de serlo, en un panorama que recorren tres jinetes apocalípticos llamados Corrupción, Impunidad y Violencia.

Catorce. Este abismo, el fracaso de la Buena Nueva anunciada en 2012, ¿explica la enojada reacción presidencial en la reunión del lunes 13 de octubre? Por supuesto que no. Eso sería hablar de una imposible autocrítica del gobierno (tan imposible como en el caso de los “Intelectuales orgánicos” que le mecieron la cuna a la fementida Democracia Electoral).

Quince. Quiero suponer un doble motivo en la susceptibilidad presidencial. El tiempo en cuenta atrás que le resta como señor casi absoluto del poder nacional: no falta mucho para que su dedo destape a su sucesor, que gane o no las elecciones, por unos meses, los de su orto, le hará sombra inevitablemente. Pasos en la azotea.

Dieciséis. ¿Y qué tal si, en la tradición parricida, esencia del más acendrado rito sucesor del PRI, el sucesor se alimenta, para descalificarlo, rebasarlo, sobrepujarlo, aniquilarlo, de las incontestables cifras, las críticas reveladoras publicitadas por Causa en Común?

Diecisiete. Se me ocurre.

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