Opinión

Superlativo

 
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Daniel Sada.

Gil caminó sobre la duela de cedro blanco y se dirigió a la mesa en la cual apila libros que no son novedades editoriales, ejemplares que se han evadido del presente perpetuo: “Más allá del presente”. De esa mesa, Gamés tomó un libro: El temple deslumbrante. Antología de textos no narrativos de Daniel Sada, publicado por Posdata Editores en el año 2013. Como el subtítulo revela, los textos de este libro que Gilga ha robado del olvido contienen los textos no narrativos del escritor Daniel Sada con una introducción de Adriana Jiménez, pareja del escritor que murió en el año de 2011.

Gamés siempre pensó que Sada era un buen escritor y celebró de inmediato esta reunión de sus textos. Así empezó a leer el prólogo de su compañera de toda la vida:

"'Quizá entienda en la otra vida; en ésta sólo imaginó'. Tal es el texto completo del cuento más breve de todos los que escribió Daniel Sada.

En contraposición, su obra maestra más citada, la ya canónica novela Porque parece mentira la verdad nunca se sabe, consta de más de 600 páginas: 602 para ser exactos. Dos hexadecasílabos y cuatro octosílabos resumen, tal vez, el carácter paradójico y festivo a la vez de quien es hoy, a poco más de dos años de su muerte, un clásico contemporáneo, un autor de culto, el más depurado de los formalistas del siglo XX mexicano: un escritor inmortal”. Ay, Dios mío, exclamó Gamés en el amplísimo estudio y perdió el resuello.

Gilga no quiere meterse con los muertos, ni con los vivos, pero Dios de bondad, hay palabras y palabrotas: “clásico contemporáneo”, “depurado formalista del siglo XX”, “escritor inmortal”. Gil no sabe lo que es un “formalista”, pero además “depurado”, ¿no es un poco demasiado?

Daniel Sada, ¿el escritor más impresionante del siglo XX? Más que Martín Luis Guzmán, más que Octavio Paz, más que José Emilio Pacheco, en fon, por mencionar tres nombres. Con la pena, pero no. Así es como se pierde el canon, en tres patadas, unas patadas de mula.

Dice Adriana Jiménez: “Para construir una obra de esa magnitud, Daniel Sada se entregó de lleno y con plena conciencia a su pasión por la escritura, sin concesiones ni componendas”. ¿Componendas? ¿A qué arreglos se refiere doña Adriana? ¿Cuáles ardides? Muy fácil, oigan esto: “Desaconsejaba el ejercicio del periodismo y descreía de la escritura por la escritura misma. Consolidar una obra: ésa y no otra obligación tenía quien quisiera ser escritor. Escribir bien y cada vez mejor, esa era su divisa”. Caracho, el periodismo literario como una componenda. Pas mal.

“Escribir cada vez mejor”, Gamés compra en el acto esa frase mientras recuerda la máxima de John Berryman: "si uno supiera que lo que va a escribir es una mierda, no lo escribiría". Doña Adriana recuerda a Sada con inmenso cariño y hace bien, nomás faltaba, pero nadie le dijo que no se debe escribir así de una persona tan cercana, con tanta certidumbre, una pizca monumental es suficiente para matar al muerto, o como se diga.

“Con frecuencia lo escuchábamos reír, regocijado, o mascullar alguna que otra inventiva al tiempo que sus largos y elegantes dedos de pianista tecleaban con gozosa furia: en esos universos paralelos ocurrían cosas interesantísimas, fascinantes rarezas, como sus lectores luego comprobaríamos”. Caracho, Chopin y Liszt vivían en Sada, “cosas interesantísimas y fascinantes”. Bueno, la verdad es que Sofía Behrs, la mujer de Tolstoi, nunca dijo semejantes cosas del ruso. Ni mucho menos Anna Dostoyevskaya, la esposa de Dostoyevski, afirmó que su marido era el más “depurado formalista” ruso: “le bullían las historias con tal abundancia que le faltaban manos y tiempo para trasladarlas al papel”. A Daniel Sada le faltaría tiempo porque la última vez que lo vio traía encima ocho manos, y todas ellas escribían bulliciosamente. En serio, Gamés no sabe mentir.

“Me consta que disfrutó de la escritura de esos textos tanto como la construcción de sus historias desopilantes, suculentas, con ese fraseo prodigioso que sigue y seguirá sorprendiendo a los enemigos del facilismo”. Doña Adriana se refiere al periodismo. Caracho, no somos nada.

La máxima de Freud espetó dentro del ático de las frases célebres: “Uno puede defenderse de los ataques: contra el elogio se está indefenso”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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