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¿El peso pierde valor ante el dólar, o la moneda estadounidense lo gana contra la nuestra? ¿Los fundamentos macroeconómicos del país son sólidos y sólo hay que sortear el vendaval exterior, o hay una gran demanda interna por dólares que mantiene elevada su cotización?

La Secretaría de Hacienda no habla de la necesidad de divisas para cubrir el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos; junto con el Banco de México, sólo destaca que los cambios de la paridad son una consecuencia exagerada del hundimiento de los precios del petróleo, de la debilidad económica de China y de la incertidumbre sobre las tasas de interés en Estados Unidos.

Lo ocurrido durante la última semana deja ver que la demanda interna por dólares se impuso al efecto buscado con la combinación del aumento de 3.25 por ciento a 3.75 por ciento de la tasa de interés, del recorte presupuestal por 135 mil millones de pesos para este año y de la venta sin precedente del Banco de México a la banca por dos mil millones de dólares entre el miércoles y viernes de la semana pasada.

El secretario de Hacienda, Videgaray, explicó que esa cuantiosa inyección de dos mil millones de dólares en tres días fue para demostrarle a los especuladores que pueden ser afectados por medidas inesperadas de las autoridades y que “tenemos reservas y muchas herramientas del lado monetario y de divisas para intervenir si es necesario”.

El combo de medidas le dio un respiro al peso; el promedio de cotizaciones peso/dólar (fix) bajó de 18.81 el miércoles a 18.14 el viernes, pero no se ha conseguido que ese movimiento se establezca como tendencia. Ayer miércoles el fix iba por los 18.19 pesos por dólar.

Si aún no es claro que el aumento de la tasa de interés y el recorte presupuestal lograrán estabilizar la paridad monetaria, y todo apunta a que no, de lo que no hay duda es de que la combinación de esas medidas con la depreciación del petróleo, del peso y de las acciones de la Bolsa, contraerán la demanda agregada y las inversiones para hacer mayor la lentitud de la economía nacional.

El problema interno que deprecia la paridad del peso es la creciente demanda de divisas causada por un déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos que viene aumentando desde 2012, cuando regresó la depreciación del petróleo. Ese año, el déficit era de 1.2 por ciento como proporción del PIB y subió hasta 2.9 por ciento en los primeros tres trimestres de 2015.

Un problema de fondo es que además del aumento del déficit se ha reducido la capacidad para financiarlo sanamente, es decir, con ingresos como las divisas que llegan por inversión extranjera, directa y en cartera, y las remesas de nuestros braceros.

El saldo de esos rubros ya no alcanza para cubrir el déficit y se ha tenido que echar mano de las reservas monetarias del Banco de México y de un creciente endeudamiento público.

El Banco de México ha inyectado 30 mil 277 millones de dólares de diciembre de 2014 a la fecha para evitar una mayor depreciación del peso, cifra que representa 85 por ciento de las intervenciones realizadas tras la crisis de 2008 (EL FINANCIERO, 23/02/2016).

El otro problema de fondo es que la baja competitividad promedio de la planta productiva nacional no permite considerar siquiera la posibilidad de exportar una mayor diversidad de bienes y servicios producidos en el país para cubrir el déficit.

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