Opinión

Subsidios y reforma
al campo

La semana pasada la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) publicó su ya tradicional “Reporte del Monitoreo y Evaluación de la Política Agrícola” para 2014, en el que presenta un análisis de las políticas públicas en el sector agropecuario de los 34 países miembros; en particular, detalla y cuantifica los subsidios que se canalizan a los productores.

Para México los resultados en 2011-2013 no son alentadores. Aunque en ese periodo los subsidios se mantuvieron en un nivel similar al promedio de los países de la OCDE, en torno a 0.7 por ciento del PIB
–inferior al de los asiáticos y europeos y superior al de Estados Unidos, Canadá, Chile y Oceanía–, como proporción de los ingresos brutos totales de los productores aumentaron de 12 por ciento en 2012 a más de 15 por ciento en 2013, monto equivalente a 88 mil millones de pesos, 32 por ciento más que el presupuesto total anual de Sagarpa para ese año.

Ello no necesariamente es una mala política pública. En buena medida, los subsidios se utilizan para compensar a los productores cuando se presentan condiciones adversas (de mercado, climáticas, sanitarias o por los apoyos que se otorgan en otros países, entre otras), aunque lo deseable es que sus ingresos no dependan de los presupuestos gubernamentales. Las deficiencias radican en cómo se canalizan esos apoyos. El año pasado el incremento de los subsidios agropecuarios en México fue resultado de una expansión de los vinculados con el volumen de producción y el costo de los insumos, por la vía de la reorientación de Procampo (ahora Proagro), que ata el apoyo a objetivos de producción, por el aumento del presupuesto destinado a “incentivar” la comercialización y establecer precios mínimos a los granos, así como por el subsidio al uso de fertilizantes y energía eléctrica para bombeo agrícola, entre otros insumos.

Esos subsidios distorsionan las decisiones de producción y generan una mala asignación de recursos públicos y privados, al sesgar “artificialmente” –esto es, al margen de las condiciones de mercado– la rentabilidad relativa de determinados cultivos. Además, son altamente regresivos ya que favorecen a los productores de ingresos más elevados, con mayores superficies (Proagro) y orientación comercial (incentivos a la comercialización). De acuerdo con la OCDE, en 2011-2013 esos subsidios representaron 51 por ciento del total canalizado a los productores, que se quedó en muy pocas manos.

En ese sentido, la OCDE recomienda que los apoyos agrícolas en México cambien hacia inversiones de largo plazo en productividad, sustentabilidad ambiental y rentabilidad en el sector, en especial, hacia innovación tecnológica, inspección de alimentos e infraestructura sanitaria. Asimismo, sugiere eliminar los subsidios a la energía eléctrica para bombeo agrícola y combustibles, por apoyos directos al uso sustentable del agua y la tierra; también propone “remover obstáculos a la propiedad privada en los ejidos”.

En resumen, nada nuevo que no se haya analizado y propuesto, desgraciadamente, con muy pocos avances en su instrumentación e, incluso, con retrocesos sustanciales en los últimos años. En 2013-2014 se vinculó directamente el apoyo de Proagro a la producción anual, se incrementó el subsidio a la energía eléctrica y aumentaron significativamente los apoyos a la comercialización de granos y oleaginosas, sobre todo de maíz blanco en el norte del país, al tiempo que se redujeron los recursos para los denominados bienes públicos (investigación y transferencia de tecnología, sanidades, normalización agroalimentaria, etcétera.).

El aspecto más lamentable es que mientras que en otros sectores (financiero, telecomunicaciones, energía) se introdujeron cambios estructurales para incrementar su productividad y competitividad, en el agropecuario aparentemente ya se canceló la cacareada “reforma al campo” y el presupuesto para 2015 tampoco apunta a una mejoría en ese sentido, lo que será materia de “Altibajos Sectoriales” de la próxima semana. Otra vez, oportunidades perdidas.

Twitter: @ruizfunes