Opinión

¿Subir o no subir la tasa?

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[Cuartoscuro]  Hace más de un mes (8 de marzo), Banxico optó por recortar en 50pb la tasa de referencia. 

Los resultados de la producción industrial de enero, dados a conocer la semana pasada, ponen los pelos de punta sobre el futuro de la economía mexicana y han puesto en un dilema a las autoridades del Banco de México sobre si subir o no la tasa de interés de referencia, en vista de que el gobierno ya optó por restringir la política fiscal.

El Inegi reportó el viernes pasado que la producción industrial creció tan sólo 0.3 por ciento en enero, cifra muy por debajo de la estimada, 2.1 por ciento, y de 1.9 por ciento registrado en el conjunto del año pasado. Este resultado obedeció a la caída de la producción de petróleo (-7.5 por ciento) y al magro crecimiento de la producción manufacturera (1.2 por ciento), pese a la demanda estadounidense de productos mexicanos y a la depreciación del peso, que tiende a favorecer las exportaciones.

Como es de esperar, esto afecta la perspectiva del crecimiento económico para el conjunto del año y muy probablemente obligará a los economistas del sector privado y del gobierno a revisar sus estimaciones de crecimiento para 2015, mismo que de acuerdo al consenso hoy se encuentra sobre 3.2 por ciento.

Pero no sólo tendrán que tener en cuenta este hecho, sino también algunos otros que se han venido presentando en los últimos días. En primer lugar, la revisión a la baja de la plataforma de producción de petróleo para 2015, de 2.4 millones de barriles diarios a 2.28 millones, lo que representa una disminución de 5.0 por ciento con respecto a lo planeado. Esta noticia no hace más que confirmar la sospecha de que en lo que resta del presente año sucederá lo que en enero, vale decir que la producción de petróleo caerá con respecto a lo programado, con el consiguiente efectos negativo sobre las finanzas públicas y sobre el crecimiento del sector industrial y, por consiguiente, sobre el crecimiento económico.

En segundo lugar, la intervención del Banco de México en el mercado de cambios a través de la venta adicional y sin restricciones de 52 millones de dólares diarios por un plazo de 60 días. Esto muestra la preocupación del banco por el nivel que registró el tipo de cambio y los efectos que ello pueda tener sobre la inflación y sobre la estabilidad financiera mexicana. Al respecto, no se debe perder de vista que un elevado nivel del tipo de cambio es visto por la población como una señal inequívoca de que el país está viviendo una crisis económica. Esto, como podrá suponerse, afecta los niveles de confianza tanto de los consumidores como de los empresarios, pudiendo inhibir el gasto y desmejorar aún más el ritmo de crecimiento de la economía.

En vista de que la reacción del tipo de cambio ante la intervención del Banco de México fue momentánea (la paridad peso dólar pasó de 15.62 en el momento de la intervención a 15.32; sin embargo, al cierre el viernes ya había regresado a 15.52), cabría esperar nuevas intervenciones de esta institución. Hay dos formas de hacerlo: una, es proseguir vendiendo divisas al mercado, independientemente de la modalidad que vaya a adoptar, y la otra es mediante el aumento de las tasas de interés de referencia o de política.

El seguir vendiendo divisas al mercado tendría la ventaja de que permitiría mantener relativamente controlado el tipo de cambio en un determinado nivel (probablemente 15.60 pesos por dólar), con lo que se evitaría afectar el desempeño de la actividad económica. Sin embargo, las desventajas vienen porque se trata de una operación doblemente contraproducente, sobre todo en las circunstancias actuales en que la depreciación del peso obedece en buena medida al fortalecimiento del dólar.

Por un lado, el Banco Central estaría financiando atractivamente la salida de capitales al sostener bajas las tasas de interés, debido a la laxitud que muestra la política monetaria y, por el otro, la mayor oferta abarata el precio de la divisa haciéndose más atractiva para los especuladores.

Por otra parte, un incremento de la tasa de interés de referencia encarecería la salida de divisas del país, por lo que podría moderar la paridad peso-dólar, pero habría que pagar el costo de una mayor ralentización de la economía.

Como puede apreciarse, en el corto plazo el Banco Central enfrenta un dilema: subir o no subir la tasa de interés. Si mantuviera la tasa de interés de referencia sin cambios, a la vez que apoyaría el crecimiento económico financiaría atractivamente la salida de capitales del país.

Combinada con el aumento en el monto de la subasta de dólares al mercado, ofrecería simultáneamente divisas a precios muy atractivos. Por el contrario, si subiera la tasa de interés, encarecería la salida de divisas, por lo que el tipo de cambio podría mantenerse más tiempo sin mayores sobresaltos, aunque el costo que tendría que pagar es la reducción en el ritmo de crecimiento de la economía.

No obstante, en vista de que la depreciación del peso obedece en buena medida al fortalecimiento del dólar, a la larga el Banco Central tendrá que subir las tasas de interés y, con ello, afectar el ritmo de crecimiento económico. El problema, entonces, se reduce simplemente a cuándo aumentar las tasas de interés. Si es en el corto plazo, habrá que pensar dos veces antes de comprar dólares. Por el contrario, si es en el mediano plazo, habrá que prepararse para especular con divisas.

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