Opinión

¿Subestimamos el crecimiento del PIB?

 
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¿Subestimamos el crecimiento del PIB?.

En la reunión de Consejeros de BBVA Bancomer que tuvo lugar la semana pasada, el rector del ITAM, Arturo Fernández, también consejero de esa institución financiera, puso sobre la mesa un interesante tema de debate.

¿Mide correctamente el PIB el desempeño de la economía o requiere ajustes para ofrecer una imagen más precisa de ésta?

En particular, Fernández enfatizó el carácter dinámico de dos fenómenos. El primero es el de la calidad de los productos y el segundo el cambio en los hábitos de consumo que no se ven incorporados en los índices de precios.

Ambos factores tienen que ver con el hecho de que nuestra sociedad frecuentemente cambia hábitos y estilos de consumo con más rapidez que lo que son capaces de medir las estadísticas económicas.

Veamos por ejemplo qué pasa con la canasta que permite calcular los índices de precios. Es relevante porque de ella deriva el deflactor implícito del PIB que traduce las cifras nominales, que son las originales, a cantidades a precios constantes.

Le pongo un ejemplo con los datos del año pasado. El PIB nominal de 2014 en México creció 5.76 por ciento. A través de calcular el deflactor referido, que es 3.56 por ciento, se llega a la cifra de crecimiento real del producto, de 2.12 por ciento.

Pero, ¿qué pasa si no hay precisión en el cálculo del deflactor? Que en ese caso se puede subestimar o sobreestimar el crecimiento real del PIB.

La hipótesis del rector del ITAM tiene implícita la idea de que probablemente los deflactores del PIB hayan sobreestimado la inflación y por lo tanto, subestimado el crecimiento de la economía.

¿En qué se basa para afirmar lo anterior?

La canasta de bienes y servicios que se usan actualmente tiene como año base a 2010, para los precios al consumidor y 2012 para los del productor.

Quizás en épocas en las cuales los ritmos de cambio de los hábitos de los consumidores eran más lentos, los índices podían durar lapsos más prolongados. Pero es probable que en el presente una canasta con cinco años de antigüedad ya no refleje correctamente productos y servicios que los consumidores incorporan en mayor grado en su canasta de consumo.

Un caso muy típico son los servicios de telecomunicaciones y específicamente el de telefonía móvil.

En la medición que se realiza, su ponderador es de 2.11 por ciento, que aumentó 0.66 puntos respecto a 2008.

Pero, ¿cómo se va a reflejar el hecho de que haya una baja en las tarifas de este servicio, de 30 por ciento en los últimos 4 años, y un aumento en la calidad ofrecida, sobre todo en datos?

Si usted es usuario de Internet, seguramente recordará que hace una década o poco más, se ofrecían servicios de baja velocidad a precios más elevados. Ahora, ese servicio ofrece más velocidad (aumento de calidad) y a precio más bajo.

El gasto que usted realiza por este servicio probablemente implique un menor pago, lo que en términos de generación de valor podría parecer una caída, pero resulta que en la realidad el valor es mayor.

Ese tipo de cambios vertiginosos que hemos visto en la economía y en los hábitos de consumo deben verse mejor reflejados en las mediciones macroeconómicas.

No hay soluciones sencillas, pero las afirmaciones de Arturo Fernández ya pusieron la discusión sobre la mesa.

Twitter:@E_Q_

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