Opinión

Steve Jobs, ¿un genio vulgar?

 
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Steve Jobs.

“Soy un hombre vulgar, pero les aseguro que mi música no lo es”, dice Mozart en Amadeus, la obra maestra de Milos Forman sobre la naturaleza caprichosa del talento. “Estoy mal hecho”, admite Steve Jobs (Michael Fassbender), minutos antes de inventar el iPod, en la película homónima de Danny Boyle. ¿Puede un hombre ser decente y al mismo tiempo genial, como Steve Wozniak (Seth Rogen), el cofundador de Apple, le asegura a Jobs? ¿O acaso las mentes brillantes están condenadas a crear belleza mientras ellas mismas son, como dijo Mozart, vulgares?

A juzgar por el cine reciente de Aaron Sorkin, el escritor detrás de Steve Jobs y The Social Network, la grandeza profesional va hombro a hombro con la pequeñez moral. Su Mark Zuckerberg era un hombre de metas portentosas, pero impulsos patéticos (crear la mayor compañía de internet para vengarse de una chica), así como una contradicción andante: un discapacitado social a cargo de un medio dedicado a la conexión y comunicación personal. El Jobs de Boyle también tiene caras contradictorias: un hombre rechazado por sus padres biológicos, pero adoptado por dos extraños, que se niega a reconocer a su hija, a hacer las paces con John Sculley (Jeff Daniels), su figura paterna, y a darles un lugar a sus socios y amigos. Un genio, sí, pero también un traidor, narcisista, ladrón y bully.

Steve Jobs
Año: 2015
Director: Danny Boyle
País: Estados Unidos
Productores: Danny Boyle, Guymon Casady, Christian Colson, Mark Gordon, Scott Rudin Night Shyamalan, Jason Blum y Marc Bienstock
Duración: 122 minutos

Boyle y Sorkin se enfocan en tres lanzamientos de Apple, cada uno registrado de distinta forma: 16 granulosos y nostálgicos milímetros para 1984, 35 milímetros llenos de claroscuros para 1988 y una textura digital, tan reluciente como la superficie de una MacBook Pro, para 1998. Hay un solo vistazo a los inicios de la empresa y el guión de Sorkin no va más allá del lanzamiento de la icónica primera iMac. En ese sentido, Steve Jobs tiene miras más concretas que Jobs y The Man in the Machine, el documental de Alex Gibney. Aunque la vida sentimental y laboral de Jobs comparten importancia, el filme de Boyle es más conciso que los esfuerzos anteriores. Sólo tropieza cuando no le es fiel a esa concreción, tanto en su forma de narrar como en la opinión que tiene de su personaje central: los flashbacks que se entrometen en la historia, así como el desenlace cursi, parecen imposiciones.

Son problemas menores. Entre los pliegues de su ingenio verboso, los diálogos de metralleta de Sorkin revelan matices (el loco de Jobs se compara con Julio César y trae a cuento el Génesis y a Jesucristo durante un lanzamiento), y la dirección de Boyle, aunque frenética como siempre, delinea el temperamento de su protagonista de manera económica, sin detener la historia: Jobs arregla el ícono de la papelera de reciclaje con un comentario, decide no usar a Alan Turing en su campaña publicitaria porque un solo reportero lo desconoce y se preocupa por cambiar unas flores que no le gustan (en un rincón del vestíbulo).

El diseño de producción dice mucho del personaje y cómo cambia a lo largo de la película: en 1984, los interiores del auditorio son austeros, de colores opacos como la propia Macintosh, a años luz del escenario opulento de la San Francisco Opera House en 1988 (preciso para el lanzamiento de un producto tan desproporcionado como la computadora NeXT). En el último segmento, Jobs se desplaza por un vestidor y un auditorio que parecen diseñados por Jony Ive: el hombre y su empresa finalmente adquieren una identidad que sigue vigente. La transición del personaje no sólo está en lo (mucho) que dice, sino en el espacio que lo rodea: una virtud rara en una película de estudio. Hay que echar ojo, también, a una secuencia donde la figura de Jobs aparece enmarcada por la imagen de un inmenso tiburón blanco. Detalles simpáticos que se agradecen.

Escribo esto a meses de que se estrene Steve Jobs en México, con la certeza de que Seth Rogen, Michael Fassbender y Kate Winslet, como Joanna Hoffman, el brazo derecho de Jobs, recibirán merecidas nominaciones al Óscar. Amén de sus excesos y desviaciones, la película, Boyle y Sorkin también ameritan reconocimiento. Steve Jobs es lo mejor que ha salido en cine sobre el genio vulgar de Apple.

Twitter: @dkrauze156

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