Opinión

'Star Trek', con límites


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Star Trek.

Los fanáticos de Star Wars y los de Star Trek tienden a no mezclarse. Aunque ambas sagas ocurren en el espacio exterior, su ritmo, energía y premisas no podrían ser más distintos. Si bien trota por mundos de pantanos, bosques y desiertos, y aunque una amplia colección de alienígenas ronda esos escenarios, Star Wars es un drama de proporciones más bien íntimas. Su impulso es enfrentar al bien contra el mal, abordando enigmas místicos, fuerzas invisibles, sentimientos corruptores y secretos de sangre. Por otra parte, las galaxias que la tripulación del U.S.S. Enterprise visita no son telón de fondo para conflictos telenoveleros. Su ímpetu trotamundos es la esencia misma de la franquicia: Star Wars ve hacia dentro, Star Trek hacia fuera. Las aventuras del Capitán James T. Kirk (Chris Pine) tienen una ligereza que la serie creada por George Lucas jamás consigue.

Aunque hay giros de tuerca y traiciones, no hay misterios: sus villanos quieren aniquilar razas, pero su universo es secular; la maldad no utiliza telequinesis, sino misiles. En Star Wars el emperador es una amenaza más grande que la Estrella de la Muerte. En Star Trek el genocida en turno es un pelele si no cuenta con su arma de destrucción masiva.

La ligereza de Star Trek es una de sus virtudes: verla implica turistear más que sufrir. No obstante, esa falta de gravedad también resulta en películas olvidables o similares entre sí. Por eso sus momentos más célebres son los que arriesgan dramáticamente, como el sacrificio de Spock en The Wrath of Khan.

'Star Trek'
Año: 2016
Director: Justin Lin
País: Estados Unidos
Productores: J. J. Abrams; Roberto Orci, Lindsey Weber y Justin Lin
Duración: 123 mins.
Cines: Cinépolis

Repensada para la pantalla grande por J.J. Abrams –quien, en un cambio de camiseta digno de Figo, después dirigió la séptima entrega de Star Wars–, la primera Star Trek logró hilvanar al elenco anterior con el actual. Into Darkness, su secuela, no cumplió con la promesa del título. Beyond (Sin límites), la tercera entrega, tampoco lo logra. Límites sigue habiendo, sin duda.

Dirigida por Justin Lin, la tercera Star Trek le hace honor al anterior trabajo de su director, moviéndose rápida y furiosa hacia el meollo de la historia. Aburrido de vagar por el espacio como enviado diplomático de la Federación Interplanetaria, Kirk considera un puesto en tierra (más o menos) firme. Lo sorprende una nueva misión, cuyo desenlace desastroso vara al Enterprise en un planeta habitado por Krall, un villano que, como ya es costumbre en la serie, alberga agravios secretos.

Beyond es más ágil y menos sombría que Into Darkness; tras décadas de ver batallas en el espacio exterior, es encomiable que sus secuencias aerodinámicas aún deleiten y entretengan. Escrita con oficio por Doug Jung y Simon Pegg, la trama arranca y no se detiene, si bien está a años luz de la simpatía iconoclasta de la trilogía Cornetto, también estelarizada y coescrita por Pegg. Jamás habría adivinado que Beyond salió de la misma pluma que Hot Fuzz si no lo hubiera sabido desde antes. Que el genio autorreferente de Pegg ni siquiera se asome en Star Trek revela los cotos de una franquicia como esta, donde el talento individual debe ceñirse a los perímetros del paquete. En eso se ha convertido gran parte del cine comercial, sin importar si el producto viene de Marvel o de Gene Roddenberry. A diferencia de lo que pregona su trama –con ese elenco lleno de acentos, razas y colores–, las voces características no caben en el cine de fórmula. Ahí están los límites que el subtítulo promete descartar.

Twitter: @dkrauze156

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