Opinión

'Spots' multimillonarios

 
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En el nuevo spot de Morena, AMLO aparece solo en un mensaje. (Especial)

EL FINANCIERO e Integralia publican hoy que el tiempo aire de radio y TV que recibirán los partidos políticos en 2015 para transmitir sus spots de campaña –tan sólo en el Distrito Federal y el Estado de México– tiene un valor comercial de 15 mil 814 millones de pesos. Estas dos entidades concentran 116 emisoras concesionadas y representan 1.49 millones de spots, 6.0 por ciento de los 24.2 millones que transmitirán todas las emisoras del país. Cuando se tenga la estimación nacional, es probable que el costo económico de los spots de los partidos (sin incluir el valor de su producción) ascienda a algunas decenas de miles de millones de pesos.

El valor económico de los spots –tan sólo en el DF y el Estado de México– es tres veces el monto del financiamiento directo que recibirán los partidos con registro nacional, que en 2015 será de cinco mil 200 millones de pesos. Una pregunta relevante es si el uso electoral del tiempo aire para partidos cumple una función social o si tendría que usarse en fines alternativos para maximizar el bienestar social. Que los spots sean entregados a los partidos sin un pago de por medio no significa que sean “gratuitos” (no hay nada gratis en la economía, reza el proverbio de los economistas).

¿Cómo se mide el costo económico de esos spots si aparentemente nadie paga por ellos? Que no se pague no significa que sean bienes libres porque su valor de mercado es de casi 16 mil millones de pesos y el tiempo de transmisión de esos spots tiene fines alternativos que se sacrifican para transmitir la publicidad política: por ejemplo, campañas de salud o de promoción del turismo. Hay además un costo directo y de tipo presupuestario: durante los procesos electorales los gobiernos y otros poderes públicos adquieren tiempo aire para difundir sus programas en lugar de usar los tiempos oficiales, ya que la mayor parte se asigna a los partidos y las autoridades electorales.

Cuando se hicieron las reformas electorales de 2007 y 2014, los partidos dispusieron de franjas de hasta 48 minutos diarios para transmitir spots de partidos y autoridades electorales. La única discusión que se dio fue que era imperativo quitar el negocio a las televisoras y radiodifusoras. Se dijo que “el Estado recuperaba la soberanía frente a los medios de comunicación”, algunos de los cuales –ante la ausencia de una regulación en la materia– habían usado su poder mediático para imponer condiciones de venta, a veces discrecionales y desiguales, a candidatos y partidos.

Pero no se discutió cuál era el tamaño de tiempo aire que se requería para promover las campañas políticas; tampoco hubo una reflexión del tipo de propaganda que se deseaba estimular: ¿Spots de 30 segundos que por su corta extensión usan jingles o soundbytes sin fondo? ¿Spots de uno o dos minutos para difundir propuestas? ¿Franjas de cinco o diez minutos para promover un mayor debate de ideas? Solo se establecieron el número de minutos por hora y por día y en 2014
–también sin discusión– se aumentó el tiempo disponible para partidos durante el periodo de precampañas de 18 a 30 minutos diarios y en el periodo de intercampañas de cero a 24 minutos.

Si los millones de spots transmitidos detonaran una mayor calidad del debate público o si estuviesen alimentando una mayor cultura de la participación, la inversión sería bienvenida. Pero si los spots que se han transmitido (hasta hoy 12 millones entre precampañas y periodo intercampañas) no han detonado un debate de fondo ni tampoco han logrado restaurar la confianza erosionada de los partidos, vale la pena preguntar si el país está haciendo buen uso de sus recursos públicos al destinar bienes cuyo valor de mercado es de decenas de miles de millones de pesos para transmitir spots que la mayoría de las veces son vacuos, repetitivos y que causan cansancio social. ¿No habría una mejor forma de invertir dichos recursos?

Eso no significa volver al esquema anterior cuando los medios vendían directamente los spots a los partidos, pero repensar los volúmenes y los formatos (quizá debería combinarse spots de 30 segundos con franjas informativas de uno o dos minutos con tiempo para debates). Antes sin duda había un uso más inteligente y focalizado de la publicidad de los partidos (porque al pagar por ella eran más estratégicos al diseñar sus campañas).

Los partidos celebraron en 2007 que el “nuevo modelo de comunicación política” era un triunfo frente a los llamados poderes fácticos porque ahora se ahorrarían recursos millonarios del erario público. Sin embargo, muy pronto algunos políticos y precandidatos comenzaron la práctica de pagar cobertura informativa favorable que incluye también a la prensa escrita. Asimismo, el gobierno federal incrementó su gasto en comunicación social más de cinco veces durante la administración de Felipe Calderón y lo mismo han hecho muchos gobiernos locales.

Hoy el Estado mexicano sigue gastando cantidades millonarias en medios de comunicación pero a la vez malgastando millones de horas de tiempos oficiales para campañas de partidos que no están cumpliendo una función social. Eso no significa desaparecer los spots gratuitos, pero repensar su volumen y su formato.

Twitter: @LCUgalde

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