Opinión

Spotlight, un elogio al mejor periodismo

 
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Spotlight.

Boston, 1976. Una desangelada estación de policía. Dos oficiales hablan del arresto de un sacerdote, por abuso de menores, como si se tratara de una infracción vial. Llega un abogado con pinta de mafioso siciliano. Tiene prisa. “El obispo está allá atrás, hablando con la familia”, le confía el mayor de los policías. La prensa vino a husmear y le impidieron la entrada. Satisfecho, el abogado se dirige al cuarto. Ahí, el obispo le asegura a la madre del niño abusado que el padre Geoghan dejará la iglesia. Un instante después, el joven oficial ve salir a los dos sacerdotes. Se meten a un automóvil y arrancan, libres de culpas.

Así los primeros minutos de Spotlight, dirigida por Tom McCarthy. Económico y concreto, el prólogo presenta a una sociedad acostumbrada a los crímenes de la iglesia, donde la ley encubre y la prensa hace mutis, mientras padrecitos pedófilos aprovechan la devoción bostoniana para cazar chicos de familias desavenidas. En julio de 2001, Marty Baron (Liev Schreiber), el nuevo editor del Boston Globe, le pide a Spotlight, su mejor equipo de reporteros, que investiguen a fondo los abusos de un puñado de sacerdotes en Boston.

El equipo, conformado por Sacha Pfeiffer (Rachel McAdams), Mike Rezendes (Mark Ruffalo), Matt Carroll (Brian d’Arcy James) y Walter Robinson (Michael Keaton), descubre un escándalo que podría transformar la percepción pública sobre la iglesia.

En los últimos 15 años el cine y la televisión estadounidenses nos han dado un par de grandes retratos de periodistas fraudulentos: la magnífica Shattered Glass, de Billy Ray, y la quinta temporada de The Wire, cuya trama incluye a un reportero arribista, holgazán y mentiroso, interpretado por el propio McCarthy. Spotlight aborda el reverso de ese tema: un grupo de periodistas dedicados a no dejar un solo cabo suelto.

La investigación –entrevistas con víctimas, recolección de datos, contraste de fuentes– resulta austera, pero envolvente. McCarthy logra engancharnos con una mano subrayando nombres en una bitácora y después tecleándolos en una hoja de Excel.

Spotlight
Año: 2015
Director: Thomas McCarthy
País: Estados Unidos
Productores: Steve Golin, Michael Sugar,
Nicole Rocklin y Blye Faust
Duración: 188 mins.
Cines: Cinemex

Aunque atrapa, el procedimiento jamás secuestra la historia.

Spotlight presenta a Boston como un ejemplo del caldo de cultivo para que un delito tan común como el de la Iglesia continúe sin castigo. “Se requiere a un pueblo entero para criar a un niño, pero también para abusar de él”, le dice Mitchell Garabedian (Stanley Tucci, siempre impecable), el abogado de las víctimas, a Rezendes. Boston, ciudad devota del beisbol y el catolicismo, donde los curas son enviados de Dios, es un sitio ideal para la proliferación de estos abusos.

Con sus oficinas pintadas de gris y apenas iluminadas por la luz plomiza que se filtra por las ventanas, Spotlight goza de una atmósfera coherente, pero menos llamativa que el Washington ominoso, donde los estacionamientos parecían mazmorras, de All The President’s Men, quizás la mayor exponente del género periodístico. Se habla de la arquidiócesis como un titiritero que opera desde las sombras, pero, fuera de algunas insinuaciones, jamás sentimos su amenaza. La música de Howard Shore a veces remite al tema de Doogie Howser M.D., y las vidas íntimas del equipo, así como sus motivaciones personales, son tan delgadas como una hostia. Amén de estos defectos, Spotlight es una película eficiente y bien ensamblada sobre el esfuerzo necesario para sacar un reportaje a prueba de balas; un elogio a la prensa minuciosa y un antídoto contra el periodismo exprés y cazaclics que lamentablemente abundan en la era de las redes sociales.

Twitter: @dkrauze156

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