Opinión

¿Sorpresa?

   
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ME Trump on TV. (Reuters)

Mucho se ha analizado y especulado sobre el resultado, aparentemente sorpresivo, obtenido en las elecciones de Estados Unidos en que el republicano Donald Trump ganó frente a la demócrata Hillary Clinton.

La prensa, encuestas, analistas y especialistas decían que la probabilidad de Trump de vencer a Hillary era muy baja. Incluso los apostadores le daban pocas posibilidades. Por ejemplo, en el sitio Predict.org le daban 23 por ciento de probabilidades de lograrlo; la casa de apuestas Betfair 20 por ciento; el modelo de predicción de Josh Katz, publicado en The New York Times, 11 por ciento. Por eso dicen que fue sorpresivo el triunfo. ¿Pero es verdad que no había ningún indicio de que el Partido Republicano podría ganar, independientemente de quién fuera su candidato? En mi opinión, el indicio estaba claro. A partir de 2008, una vez que Barack Obama tomó la presidencia, el Partido Demócrata empezó a perder terreno tanto en cantidad de senadores y diputados de congresos locales como federales, así como también en gubernaturas. Para 2016 habían perdido más de mil posiciones de representantes demócratas.

Sin intentar llevar a cabo un análisis exhaustivo, en el sitio ncsl.org podemos encontrar la siguiente información de tendencias: En 2009, a nivel estatal entre diputados y senadores, había un total de siete mil 382 curules, de los cuales 55 por ciento (cuatro mil 82) correspondían al Partido Demócrata y 44 por ciento (tres mil 223) a los republicanos. Para 2016 la situación se había revertido. Los demócratas habían perdido 919 posiciones quedando con tres mil 163 curules (43 por ciento), mientras que los republicanos llegaban a cuatro mil 118 (56 por ciento).

En cuanto a gubernaturas, 28 correspondían a los demócratas y 22 a republicanos en 2009. Para 2016, 31 estados estaban gobernados por republicanos y sólo 18 por demócratas.

Algo similar pasaba a nivel federal. En 2009, tanto en la Cámara de Diputados como en la de Senadores, los demócratas tenían mayoría. Para 2016 los republicanos habían tomado el control de ambas.

Esta tendencia, de la que se ha hablado poco (o nada en México), mostraba que la probabilidad de que un republicano ganara la presidencia era muy alta. Por eso los demócratas estaban contentos de que fuera Donald Trump el candidato contendiente, que técnicamente no es republicano. Existía el temor que, de haber sido un republicano tradicional el que hubiera ganado la elección primaria del GOP (Grand Old Party, Partido Republicano), la probabilidad de que éste le ganara a Hillary hubiera sido mucho mayor.

Hay que recordar que, en Estados Unidos a diferencia de México, prácticamente todas las decisiones políticas son locales. A la población de Austin Texas le interesa poco lo que esté sucediendo en Detroit, Michigan, y a ambos les importa aún menos lo que sucede en Washington DC. Los estados tienen mucha independencia, como se ha demostrado con el tema de la mariguana, en el que, por ejemplo, los estados de Colorado, Washington, Oregón y ahora California, han votado en contra de lo que determinan en Washington DC.

Mantenga entonces en su imaginación que lo imposible cada día más se está convirtiendo en posible.

Opine usted: rogozinski@mitosymentadas.com 

Twitter: @JaqueRogozinski

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