Opinión

Somos personajes de García Márquez

A veces el azar nos juega algunas bromas. En tiempos en que despedimos a Gabriel García Márquez, creador del realismo mágico en la literatura de nuestro continente, pareciera que la realidad quiere brindarle su homenaje recreando en los hechos tangibles, y no sólo en la ficción, los imposibles que leímos fascinados en muchas de sus narraciones.

Por ejemplo, de repente todo el mundo es un lector incansable de García Márquez, a quienes la lectura de alguna de sus novelas le cambió la vida, cuando la realidad es que muchos apenas las han visitado y si leyeron “Cien Años de Soledad” es porque así tenían que hacerlo para aprobar literatura en secundaria o preparatoria.

De repente, las izquierdas de América Latina con muchos personajes autoritarios al frente, se declaran propietarias del escritor, cuando fue uno de los que ridiculizó a los dictadores de otro tiempo, como podría entender rápidamente quien leyera “El Otoño del Patriarca”.

Pero hay otros aspectos de la realidad mexicana que parecieran extraídos de sus narraciones.

Ya le he comentado lo increíble de que muchos integrantes de los partidos que dicen apoyar a los pobres, se han convertido en adalides de la defensa del hombre más rico del país y al que todos le depositamos diariamente una parte de nuestro ingreso en sus bolsillos.
Me refiero desde luego a la defensa de senadores perredistas y personajes de izquierda a Slim. Es realismo mágico que empiece a verse como algo normal que eso suceda.

Pero también la naturaleza se ha puesto a tono, con las granizadas primaverales que antecedieron a la partida de García Márquez y el temblor que nos sacudió (con sus 7.2 grados Richter que parecían mucho más amenazantes de lo que fueron ) apenas horas después del fallecimiento del escritor.

¿No le parece a usted que la mera existencia en el firmamento político capitalino de un personaje como Cuauhtémoc Gutiérrez es prueba de que el realismo mágico está más que instalado en el país?

De golpe los priistas se dieron cuenta de que el dirigente del partido en la capital del país –no en un municipio tlaxcalteca- no era sino un tratante de personas, como se dice ahora. Bueno, presunto tratante hasta que los jueces den la última palabra.

Quizás si alguien pudiera recrear con el genio de García Márquez la locura cotidiana de nuestro entorno, contaría lo que pasa en Michoacán, donde un cártel sucede a otro desde hace años. Un gobierno da un golpe de mano contra presuntos personajes vinculados al narco y la negligencia o incapacidad de sus fiscales hace que todo se venga abajo. ¿Tragedia o comedia?

Piénselo bien y de repente hasta nosotros pudiéramos convertirnos en personajes de una novela de García Márquez cuando vemos casi con normalidad esos hechos. Nos sorprenden menos que la ascensión de Remedios “La Bella”.

A ver si estos tiempos extraños pasan pronto… o si por años todavía seguiremos homenajeando en los hechos al escritor, navegando y dando vueltas interminablemente por el Río Magdalena.

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