Opinión

Sólo Washington podrá rescatar a EPN

 
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Cuando se vislumbraba el retorno del PRI a Los Pinos en 2011, se asumía que el costo de traer de regreso a un partido que “sabe gobernar” era que su versión del Estado de México era particularmente corrupta. Creo que la primera parte de esa aseveración se quedó corta.

El gobierno de Peña Nieto ha mostrado pésimos reflejos. Su reacción a crisis evidentes, ya sean alrededor de temas de corrupción o de derechos humanos, ha sido lenta y torpe. En forma inocente, pensé que la imposición de Beltrones en la presidencia del PRI, tolerada por Peña a regañadientes, corregiría el rumbo.

No fue así. Manlio es quizás el político más inteligente y experimentado del país, y me pregunto si no pudo, o si el grupo de Videgaray −quien detesta al sonorense− logró bloquearlo.

La reciente disculpa ofrecida por el presidente es relevante, pero llega muy tarde. Ocurre cuando ya el nivel de hartazgo entre la sociedad ha rebasado el vaso; y cuando los gobernadores priistas más flagrantemente corruptos intentan blindarse, escudándose en niveles de impunidad sin precedente (y eso es ya mucho decir).

Peña cae en los mismos errores de un Poder Ejecutivo distante y, potencialmente, arrogante. Pone a la sociedad en la misma postura pasiva que tendría el juez de una competencia de clavados; observa y juzga si la ejecución mereció calificación de cuatro o de seis. Peña nunca ha mostrado el liderazgo para 'convocar' a la sociedad civil a sumarse en una batalla, no los ha invitado a sentirse parte de una solución, dado que sin duda son parte del problema. Les propone ver y a evaluar, así, desde el tendido.

Ahora se encuentra en una situación incómoda en extremo. Sabe que parte de lo que explica la desfachatez con que actúan Borge, Duarte y otros proviene de la certeza de que muchos recursos estatales se fueron a financiar, por abajo del agua, campañas como la del propio presidente. Peña es y siempre ha sido leal a su equipo, incluso cuando esa lealtad cuesta cara. Ese ha sido el caso con muchos, desde Rosario Robles (pagando el costo de tener una perredista en su gabinete), hasta Osorio Chong o Ruiz Esparza. Ahora, la única posibilidad de sobrevivencia que tiene su partido provendría de irse con todo contra sus gobernadores.

Para hacer la situación más compleja, pagará por no haber siquiera intentado fortalecer a las instituciones que cimientan un Estado de derecho.

Su Sistema Nacional Anticorrupción llega tarde y carece de elementos que eran vitales, como lo es la posibilidad de negociar sentencias, que apuntaló el éxito en la cruzada anticorrupción de Brasil. Sin ese elemento, será imposible irse tras de los 'jefes'. No le será fácil tener los elementos legales para poner a los gobernadores tras las rejas. El Bronco puede dar cuenta de cuánto más fácil es desearlo que lograrlo. Caer en otro 'Elbazo', en el que la maestra lleva tres años en la cárcel sin sentencia, equivaldría a una peligrosa admisión de debilidad institucional crónica.

A Peña no le queda más que pedir la ayuda de sus amigos en la administración Obama. Sólo Estados Unidos tiene los recursos y el alcance para ayudarle al gobierno de México a armar la prosecución de políticos a los que Peña tiene que crucificar sin misericordia. Ya se ventiló en las cortes de San Antonio el grave caso de Moreira. Ahora, para irse tras de César y Javier Duarte, Medina, Borge, Aguirre y Padrés, será necesario 'seguir al dinero' (follow the money). Seguro encontrarían una hebra.

Cuando analizamos el caso del flagrante y grotesco robo de propiedades de Borge en Quintana Roo, llama la atención el descaro con el que casas o departamentos ilegalmente enajenados acabaron a nombre de amigos del gobernador. Ni siquiera se molestaron en buscar testaferros.

Cuando alguien se siente cobijado por tal impunidad, comete errores. Afortunadamente para Peña, y desafortunadamente para ellos, todas esas transacciones tocan en algún momento al sistema bancario estadounidense, aunque sea de paso.

El gran riesgo para Peña es que si decide hacer algo cosmético o a medias, alimenta la narrativa de López Obrador quien, por cierto, empieza a coquetear con el PRD de Alejandra Barrales. Si a Morena se le suman el PRD, PT y otros, el tabasqueño es un candidato viable. Si le agregamos una retórica en la cual puede argumentar que el PRI no quiere acabar con el cáncer de la corrupción (aunque, quien se benefició por años de taxis pirata y giros negros en la Ciudad de México tampoco querrá), se vuelve posible. Si además recibe ayuda de una situación económica internacional que seguirá desacelerándose los próximos dos años, se hace probable.

Peña va en visita de Estado a Washington. Tiene que pedirle ayuda a sus amigos. Los intereses de ambos están alineados.

Twitter: @jorgesuarezv

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