Opinión

Sol, arena y balas

    
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playa

Llega Semana Santa y, como todos los años, el país hará una necesaria pausa de cuatro días. Sin importar el tráfico y las multitudes, millones de personas saldrán de viaje con tal de romper un poco con el ritmo monótono de vida en las grandes ciudades. En el desenfreno de Semana Santa, es fácil olvidar que los grandes centros turísticos –que conocemos sólo por la playa, los grandes hoteles y los antros– son también centros urbanos que hacen frente a problemas muy graves de planeación urbana, de acceso a servicios y, recientemente, de inseguridad y violencia.

De acuerdo con las cifras de Lantia Consultores, de homicidios vinculados con el crimen organizado, se observa un incremento generalizado de la violencia en los principales destinos turísticos del país. De los 10 principales destinos de playa (de acuerdo con el número de habitaciones disponibles), en siete las ejecuciones aumentaron al comparar el primer trimestre de 2017 con el primer trimestre de 2016. El incremento fue particularmente grave en los destinos que atraen al grueso de los turistas internacionales. En Playa del Carmen, donde en enero tuvo lugar una balacera en el bar Blue Parrot, el total trimestral de ejecuciones pasó de cinco a 15; en Cancún el salto fue 19 a 39, y en Los Cabos se registró un astronómico ascenso, de dos a 92 ejecuciones (vinculado a la pugna entre Los Dámasos y otras facciones del Cártel de Sinaloa). Por otra parte, de los diez destinos de playa más importantes del país sólo en uno se observó una ligera mejoría en el primer trimestre de 2017, respecto a igual periodo del año pasado: Acapulco, donde se pasó de 200 a 190 ejecuciones.

Sin embargo, los datos de Lantia también sugieren que no todos los destinos son golpeados por igual, y que la 'vocación' de cada uno es un factor determinante. En Cozumel, que también se ubica entre los diez destinos más visitados del país, no se registró una sola ejecución durante el primer trimestre de este año (mientras que hubieron dos en todo 2016 y ninguna en todo 2015). La isla es un destino que los springbreakers generalmente omiten, pero que es muy popular entre los amantes del buceo, los triatletas y quienes simplemente buscan relajarse. Fuera de los destinos de playa, San Miguel de Allende ha logrado combinar un auge en la oferta de servicios de alta calidad con una relativa tranquilidad (en contraste con el grave deterioro de la seguridad en el resto de Guanajuato). En este caso, la preponderancia de comunidades de retiro (que activamente exigen a las autoridades que regulen las actividades que se pueden llevar a cabo en el municipio) ha desempeñado un papel importante.

El turismo es un sector intensivo en mano de obra. Por ello, Cancún, Los Cabos y Puerto Vallarta crecieron de forma descontrolada. Donde hace algunas décadas no había casi nada, hoy se alzan ciudades de decenas o cientos de miles de personas. El municipio de Benito Juárez (Cancún) fue fundado en 1970, y para 1980 contaba con 33 mil habitantes. En los siguientes 35 años la población creció más de 20 veces, hasta alcanzar 743 mil personas, de acuerdo con la encuesta intercensal de 2015.

Desafortunadamente, los empleos que genera la industria turística si bien son abundantes, también suelen ser inestables y mal remunerados. La actividad económica, sobre todo en el turismo masivo de sol y playa (que es el principal producto turístico en México), se concentra en algunas fechas y meses. En las temporadas bajas los taxistas, los meseros y otros oficios pueden quedar prácticamente sin ingreso. A diferencia de las localidades donde existe más arraigo, en las ciudades de reciente creación dedicadas al turismo los trabajadores afrontan solos estos largos periodos de escasez. Tampoco hay abuelos y familias extensas que ayuden a cuidar a los niños y los adolescentes mientras los padres trabajan. En este contexto, las pandillas violentas y el crimen organizado reemplazan a las estructuras tradicionales y a la economía formal como proveedores de protección y pertenencia para los jóvenes, y de empleo para los adultos. El fenómeno es similar al que se observó en Juárez y en otras ciudades que crecieron rápidamente durante el boom maquilador de los años 90.

En una reciente entrevista, el secretario de Turismo, Enrique de la Madrid, apuntaba algo que es importante: la seguridad en los destinos turísticos es un tema al que le tienen que entrar todos, los tres órdenes de gobierno, los empresarios y la población en general. Tratándose de destinos turísticos, yo pondría el acento en los empresarios. Desafortunadamente, casi todos los gobernantes le sacan la vuelta al tema de seguridad (afectar los intereses de los criminales, y de sus cómplices en las instituciones policiales, es demasiado riesgoso personal y políticamente). Los empresarios del sector turismo pueden desempeñar un papel clave. Por una parte, son ellos quienes están en mejor posición para presionar y exigir mejores resultados a los gobernantes. Sin embargo, también pueden organizarse para consolidar nuevas vocaciones turísticas, que propicien un desarrollo social más armonioso, y que en largo plazo eviten un declive como el que se ha observado en Acapulco, y que ya se anuncia en otros de los principales destinos del país.

Twitter: @laloguerrero

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