Opinión

Sojo y la autonomía
del Inegi

 
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No te pierdas la entrevista con Eduardo Sojo Presidente del INEGI

La mayor parte de la gente cree que el presidente Peña Nieto propondrá al Senado su candidato a suceder a Eduardo Sojo en la presidencia del Inegi.

Craso error. El presidente propondrá a la ratificación del Senado al integrante de la Junta de Gobierno que habrá de suceder a Sojo.

La designación del presidente del Inegi es facultad exclusiva del Ejecutivo, que no requiere ningún aval del Senado de la República.

Aunque como en todo órgano colegiado, la Junta de Gobierno del Inegi integrada por cinco miembros, define y autoriza los grandes programas del Instituto, en el día a día es el presidente quien opera, quien tiene a su cargo realmente la administración.

El artículo 80 de la Ley del Sistema Nacional de Información Estadística y Geográfica, señala lo siguiente:

“Corresponden al presidente del Instituto las atribuciones siguientes:

I. Tener a su cargo la administración del Instituto, la representación legal de éste, y el ejercicio de sus funciones, sin perjuicio de las atribuciones que la ley confiere a la Junta de Gobierno;

II. Ejecutar los acuerdos de la Junta de Gobierno”.

Y otras más que ya no son relevantes respecto a este tema.

Durante mucho tiempo se ha hablado de la autonomía del Inegi. Hay que tomarla con pinzas porque en la realidad, de acuerdo a la normatividad vigente, éste nunca ha sido realmente autónomo.

El párrafo del artículo 26 de la Constitución que define la autonomía dice lo siguiente:

“…para el desempeño de sus atribuciones (el Inegi) gozará de autonomía presupuestaria y de gestión. La certeza, imparcialidad y objetividad serán sus principios rectores. La información estadística y geográfica que genere el Instituto tendrá carácter oficial y será veraz, oportuna y completa”.

La realidad es que la asignación presupuestal del Imegi está en la práctica sujeta a la aprobación del Ejecutivo y la autorización del Legislativo.

Y la designación de su presidente, a diferencia del gobernador de Banxico, del presidente del INE o de los ministros de la Corte, no está sujeta a la ratificación del Senado, sino es facultad exclusiva del Ejecutivo.

En buena medida, la autonomía efectiva de que gozó el Inegi durante los últimos años derivó exclusivamente de la personalidad de su presidente, Eduardo Sojo.

Cuando, en agosto de 2008, Sojo asumió la presidencia del Instituto era una figura respetada del gabinete de Calderón.

El respaldo presidencial a Sojo aseguró que el Inegi operara sin intromisiones de funcionarios del gobierno federal; por cierto, no sin presiones.

A partir de diciembre de 2012, Sojo mantuvo una visible distancia del gobierno de Peña y ha sido objeto de críticas de diversos funcionarios. Así que nadie puede hoy objetar la autonomía del Instituto, pero por los hechos de su presidente.

Se puede cuestionar tal o cual metodología o el significado de éste o aquel indicador, pero no la honestidad con la que se elaboran.

Sin embargo, la autonomía real no está en la ley.

Por eso, la designación de quien sustituya a Sojo en la Junta de Gobierno y luego en la presidencia del Instituto, que son dos procedimientos diferentes y pueden recaer en personas distintas, será determinante para el futuro de una institución que es esencial en la vida del país.

Ojalá que se resista la tentación de nombrar a algún “cuate”.

Twitter: @E_Q_

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