Opinión

Socavón, la deslealtad de Ruiz Esparza

     
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Socavón

El 14 de septiembre del año pasado el ingeniero Josué Robles Rodríguez, residente de obra adscrito al Centro Morelos de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, recibió un oficio de parte de la empresa SACC Ingeniería S.A. de C.V.

“Por medio del presente se hace entrega del Proyecto de Ampliación de la Obra de Drenaje ubicada en el km 93+857 (tubo de concreto reforzado de 1.52 m de diámetro)”.

El oficio lo envió la ingeniera Sandra Aragón Sánchez (aunque alguien más firmó en su nombre, pues la firma tiene las consabidas letras de P.A.).

El Centro SCT de Morelos recibió ese documento al mediodía, según se ve en el correspondiente sello.

La segunda y última página del oficio contiene cuatro planos. En dos de ellos queda establecido que el tubo del drenaje cuya fractura daría pie al socavón del 12 de julio, tenía que ser protegido con una bóveda de 3.20 metros de ancho y 2.30 metros de alto (el tubo tenía un diámetro de metro y medio).

De forma tal que si el tubo del drenaje resultara rebasado por el agua, se deduce al ver otro de los planos, el desfogue podría ocurrir incluso por fuera del tubo, en el nada ajustado vano que quedaría alrededor del mismo.

SACC Ingeniería fungió como la coordinadora del proyecto de construcción del Paso Express. Si tal fue la instrucción de SACC sobre el drenaje del que terminaría siendo un fatídico drenaje, ¿qué fue lo que ocurrió entre las empresas y la SCT que dio como resultado que la bóveda nunca se construyera?

Los peritos independientes convocados por el gobierno mexicano tienen programado dar a conocer en 24 de horas su estudio sobre lo que habría provocado el socavón que cobró la vida de dos personas hace casi un mes.

Esa investigación, junto con la que realiza la Secretaría de la Función Pública sobre el Paso Express, deberían aclarar a la ciudadanía todas las dudas, y las responsabilidades, en torno a la tragedia del 12 de julio.

Dudas de difícil respuesta para el ciudadano común y corriente toda vez que está claro que en el documento ya citado se describe detalladamente un proyecto para proteger al tubo que a principios de julio, al quedar saturado de basura, no pudo desalojar el agua que desfondó al Paso Express. Quién desatendió ese proyecto de la bóveda, por qué SACC no insistió en el mismo, qué dijeron las empresas, dónde demonios estaba la SCT para, a final de cuentas, vigilar por el buen desempeño de la obra.

El socavón ha sido visto como imagen que retrata la ineptitud de Gerardo Ruiz Esparza y la (presumible) corrupción de su dependencia.

Los peritos dirán lo viejo que era el drenaje, quizá señalen algo sobre lo singular (o incomprensible al sentido común) de que si ya se iban a aventar una obra de dos mil 200 millones de pesos, los involucrados no hayan decidido que debería cambiarse un tubo que ya acusaba la erosión de décadas.

Pero se antoja difícil que los peritos nos digan si hubo o no corrupción en el Paso Express. Esa tarea podría ser de la Función Pública, cuya indagatoria sería más creíble si el secretario Ruiz Esparza se hubiera ido de su puesto desde el primer momento.

Porque peritajes aparte, el socavón evidencia una falla gigantesca y grave. Si hubiera entendido la dimensión de la crisis, si hubiera sido leal al gobierno, Ruiz Esparza habría dejado el campo libre para que la administración tuviera el mínimo margen de credibilidad para investigar el desastre. Ni eso pudo don Gerardo.

Twitter: @SalCamarena

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