Opinión

"Sobre vivir"

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil quiso revisar los libros de Fernando Savater y en especial dos de ellos: Sobre vivir y Mira por dónde. Autobiografía razonada. Hay en ellos una rara sabiduría que conviene a los viernes de amigos verdaderos. Aquí va este puñado de citas:

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He escrito y pensado para vivir mejor, un poco a tientas: me dirijo a quienes quieren vivir algo mejor, sin dejar de tantear y sin tener prisa por hacer pie en lo incontrovertible. Supongo que eso precisamente es el periodismo, en su vertiente filosófica. Pese a las halagadoras reediciones a lo largo de los años de algunos de mis libros, admito sin protesta que todo lo que he firmado es irrevocablemente fugacísimo, que lleva fecha urgente de caducidad, que probablemente ya ha caducado en gran parte. A fuer de ser sincero –y eso sí que siempre, si no recuerdo mal, he procurado serlo– no me duele este designio transitorio. Casi al contrario. Me fastidiaría segregar perennidad no siendo perenne; que lo que he hecho durase más que yo.

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La lectura de los grandes iracundos de nuestro siglo, como Céline, Thomas Bernhard, Fernando Vallejo o –más a lo lejos– Pío Baroja, siempre me ha resultado más tonificante que la de los optimistas bien equilibrados, con la destacada excepción de Jorge Guillén. Cioran hubiera dicho que ello se debe, precisamente, a mi congénito optimismo: mientras que los demás necesitan tomar de vez en cuando la poción mágica que multiplica las fuerzas al disipar las brumas existenciales, yo puedo prescindir de ella porque –como Obelix– me caí de la marmita de pequeño. Resultó siempre inútil que tratara de convencerle de que yo también era muy pesimista, como él. Se burlaba cordialmente de mí y no me creía. En la dedicatoria de uno de sus libros escribió: “A. F.S., agradeciendo los esfuerzos que hace por ser pesimista”.

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Toda experiencia, cuando reclama ser contada, se hace forzosamente fantástica; sólo la fantasía comprende lo que de la experiencia puede contarse, lo que en la experiencia quiere ser contado. Y eso que se cuenta, el puro cuento, es verdad.

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Con los años aumenta el orgullo y por tanto disminuye la vanidad: uno se da cuenta de la dosis de humillación benévola que implica recibir honores públicos, no digamos ya buscarlos. En cualquier homenaje siempre me siento como un rehén.

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Pese a las alarmas de los catastrofistas, no dudo de que hoy muchos jóvenes siguen leyendo: pero ignoro si los libros aún significan para ellos –en este mundo de videojuegos y cruceros por internet– lo mismo que supusieron antaño para algunos fanáticos de su misma edad: sólo puedo dar fe de que entonces eran una aventura, nuestra fiesta mayor, delicia y riesgo.

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Hay tanto peligro de decepción de releer a autores predilectos de nuestra adolescencia como al encontrar otra vez a amigos del colegio o de la “mili” y por razones idénticas: desaparecida la intimidad casi forzosamente entrañable de una situación subjetiva o social que no ha de volver, lo que fue fascinación es ahora fastidio y los detalles más exaltantes de antaño empalagan como golosinas pringosas y baratas. Claro que también hay autores y amigos que pasan la prueba del reencuentro: esos ya son jubilosamente nuestros para siempre.
 
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Alguna vez, creyendo ofenderme, han dicho de mí que yo no soy un filósofo, sino un periodista. A mucha honra. La verdad es que no soy un filósofo, sino un philosophe, con minúscula y si es posible en francés del ilustrado siglo XVIII. Cuando llegue el momento de separar el trigo de la cizaña, quiero que me envíen por indigno que sea junto a Montaigne, Voltaire, Camus o Cioran. Junto a Hegel o Heidegger me aburriría demasiado. Para ser filósofo no sólo me falta talento sino que me sobra guasa antisolemne o, si se prefiere, alegría escéptica.

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Sí, los viernes Gil toma la copa con amigos verdaderos. Mientras los meseros se acercan con charolas que soportan el Glenfiddich, Gil pondrá a circular esta máxima de Erasmo de Rotterdam en el mantel tan blanco: “La filosofía es una meditación de la muerte”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX