Opinión

Sobre un tema vacacional mal abordado

 
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Los trabajos en la sede del PRI iniciaron desde 2013.

En una fecha del pasado periodo semivacacional de fin de año, cuando los medios suelen tener cerradas sus fuentes ordinarias de información, un diario capitalino publicó extenso reportaje sobre los bienes inmuebles propiedad de los partidos políticos nacionales. El tema es de suyo interesante. Lo es en sí mismo y por lo favorable que resulta en la línea, hoy tan de moda, de incrementar la desconfianza del ciudadano en los partidos y el desencanto democrático.

El tono del texto no deja lugar a duda: el autor se propuso atizar en sus lectores el descontento hacia los partidos, y no necesariamente aportarles elementos para provocar su reflexión. No, sino precisamente estimular su enojo, indignarlos. Utiliza al efecto el hecho real de que los partidos, o por mejor decir, algunos partidos, en particular los dos más importantes a escala nacional, tienen locales propios para el desarrollo de sus actividades. Como si el tenerlos significara que se los hubieran robado o adquirido por la vía del fraude. O bien utilizando de manera ilegal los recursos que reciben por concepto del financiamiento público.

El autor aclara a sus lectores que la información que maneja en su reportaje la obtuvo de los propios partidos, invocando para ello la ley de transparencia. Los datos en consecuencia deben ser razonablemente verídicos. Destaca que en algunos casos, concretamente en dos, PAN y PRI, sus respectivos bienes inmuebles suman varios cientos de millones de pesos. Y esto, sin más, le parece criticable casi en grado de escándalo.

Con ligereza apenas creíble, el autor de la nota periodística ni siquiera se plantea si resulta, o no, más práctico, económico y eficaz que las organizaciones políticas tengan edificios propios o que carezcan de ellos, o bien que los tomen en arrendamiento. Simplemente el hecho de que sean propietarias de los que tienen en uso le parece sin más ilegal, perverso y contrario a la ética. Menos aún se molesta en decir por qué.

Como tampoco se plantea algo igualmente elemental y pertinente: cómo y cuándo cada partido se hizo de los inmuebles que ahora tiene en propiedad.

El cuándo es importante, porque no es lo mismo el caso de los locales que los partidos adquirieron antes de que la ley electoral estableciera el financiamiento público, por lo demás relativamente cuantioso que hoy les llega, que después. El primer caso se presentó en numerosas plazas donde Acción Nacional se hizo de inmuebles cuya adquisición hizo con recursos obtenidos a partir de intenso trabajo y esfuerzo de sus militantes.

La situación posterior es radicalmente distinta, al disponer los partidos de dinero público para sus actividades ordinarias, como las denomina la ley, y parte del cual pueden destinar a comprar inmuebles. Pero ya no es lo mismo adquirirlos con recursos gubernamentales, como se presume que hoy lo hacen, que antes cuando necesariamente era con dinero obtenido por la aportación y esfuerzo de sus militantes y simpatizantes.

Independientemente de lo anterior, resultaría muy interesante que el autor del reportaje de marras profundizara en su investigación. Si la realiza con seriedad, se va a topar con aspectos sorprendentes, que seguramente hoy ni siquiera sospecha. Van al canto algunos tips, aunque hay más:

En la década de los 30 el Gral. Lázaro Cárdenas, mediante decreto presidencial publicado en el Diario Oficial, otorgó en propiedad al partido oficial, entonces PRM, un amplio terreno de propiedad federal ubicado sobre la avenida Ejido, hoy prolongación de la avenida Juárez de la Ciudad de México. ¿Por qué?

Asimismo que indague y nos informe cómo adquirió el actual PRI los terrenos donde ahora ubica su sede nacional, así como donde tienen sus oficinas los comités estatales de este mismo partido en Saltillo y Guanajuato capital. El tema da para más.

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